martes, 14 de abril de 2015

Un Corazón Sepultado En La Nieve. Volumen 1.

Esta histora no es apropiada para menores de 18 años, porque contiene: lenguaje ofensivo, violencia explicita y situaciones sexuales. 
Un Corazón Sepultado En La Nieve.

Volumen 1. La Nieve Tiene Memoria:

“Recuerdos Congelados”

Sorha era una hermosa  joven de 16 años, de  bellos cabellos dorados; que caían sobre su delicado cuerpo como los claros rayos del sol que atraviesan  las espesas y blancas nubes de los bosques nevados, haciendo resalar sus delicados rasgos nórdicos: su suave y blanca piel y hermoso rostro como el de un ángel; que te observa con esos preciosos ojos celestes que iluminan tu corazón con su dulce mirada, además ella era la hija de hombre más rico e importante de la región: el Barón Lusian Klaus Rosen III, quien era un caballero distinguido de unos cuarenta y tantos, un hombre de de cabello castaño claro y ojos azules, quien a pesar de haber nacido rodeado de grandes riquezas y lujos, era un hombre de hábitos sencillos y sumamente generoso. Sorha también tenía un hermano pequeño, el joven señor Barón Lusian Klaus Pioban IV un alegre y perspicaz niño de 12 años, de  quien según se decía era igual a su padre cuando este tenía su edad. Su madre La esposa del Barón había muerto durante su nacimiento, por lo que este solo la conocía por el bello retrato colgado en el estudio de su padre, además de que su hermana Sorha; era el vivo retrato de su difunta madre, una hermosa mujer de gran elegancia y belleza.

Por lo cual, la joven Baronesa Sorha era sumamente pretendida por los jóvenes más ricos y distinguidos de la nobleza y del gremio de comerciantes, pero sobretodo por un apuesto joven y galante caballero: el Marques Maksimilian Aironjand Dujast V, cuya familia fuese alguna vez una de las más ricas y poderosas del Reino De La Nieve, por ser los terratenientes de los yacimientos mineros de hierro más extensos del reino, además de poseer  las 7 principales y más grandes acereras de reino, ubicadas en la prospera ciudad de Aironjill, la ciudad industrial más bella y prospera del reino, siendo esta tan grade como la misma Ciudad Capital De Preseanski, pero cubierta la mayor parte del año por las nubes negras de Aironjand, como eran llamadas las nubes teñidas por el hollín de las acereras, que cubrían la ciudad industrial, a veces incluso haciendo caer nieve negra.

Pero por su gran belleza, extensión territorial e importancia para la economía y desarrollo industrial, era considerada por algunos como el corazón del reino nevado, pero debido a su remota ubicación en la frontera sur y lejos de la costa, a la sombra de la imponente cordillera de hierro y en las cercanías del enorme y espeso bosque salvaje de las tierras altas de la ciudad de Uildforrest, en el que abundaban las manadas de Lobos Negros (unas magnificas bestias, tan grandes como tigres siberianos), los cuales eran animales de gran importancia en el folklore del reino nevado, por ser mostrados en este como criaturas míticas, que posteriormente se convertirían en los primeros hombres y mujeres, según las leyendas de la vieja fe, escritas en el libro de la luna. Razón por la cual  los Duques de la casa de Fenrrirus, primeros reyes del Reino De La Nieve, utilizaban un Lobo Negro como símbolo central de su escudo de armas, pus se creía que estos habían nacido en la antigua ciudad de Fenria, hogar de su clan, los nacidos de las invernales tierras altas y que estos habían expulsado a los lobos al bosque salvaje para poder edificaron su castillo en el norte, donde los ríos eran grandes y navegables  y el oro era abundante, lo que les permitió convertirse rápidamente en una monarquía prospera, contrayendo posteriormente una gran capital al este en la costa, la gran ciudad imperial de Aurora, para establecer en ella un gran puerto y desarrollar el comercio marítimo. Pero de los Duques de Fenrirus ahora solo queda su viejo castillo ancestral y las legendas de sus grandes reyes de antaño, quienes fuesen aniquilados por su clan hermano, una rama menor de su familia; los Duques De Orsaris, que utilizaban al oso blanco del polo, como figura central de su escudo de armas, por considerarse así mismos más fuertes y feroces que el clan Fenrrirus. Razón por la cual que después de varios roses y escaramuzas entre miembros de ambos clanes, estos terminaron al fin enfrentados en una larga y sangrienta guerra por el poder y el derecho a la corona del reino, hasta que después barios años de masacre los miembros del clan Orsaris se convirtieron en los monarcas del reino de la nieve, al exterminar completamente hasta a el último miembro de del clan Fenrrirus y a todos sus aliados leales. Construyendo pocos años después una nueva capital, mas grande y hermosa que la primera; la ciudad de Aurora, establecida al noreste del reino, frente a las costas del mar  invernal y que fue convertida en el ducado de el hermano menor de la reina Hieska Orsaris I, un joven noble de solo 12 años, a la que llamarían Preseanski, lo que les permitió desarrollar una fuerte e importante flota marítima, gracias al gran puerto real de su capital, La Ciudad Imperial De Preseanski, donde se establecieron los más granes astilleros navales y mercantes, del este del continente y uno de los tres más grandes e importantes del mundo.

Mientras que a Aironjill por su tan apartada ubicación, solo podía llegarse por tierra ya que la ciudad se encontraba en las faldas de las montañas Fanglikans, 2 altos y escarpados picos que los lugareños solían llamar; colmillos de lobo, que formaban parte de la extensa cordillera de hierro, una gran cordillera de altas y escarpadas montañas, que se extendían por toda la frontera sur del reino, formando una colosal muralla natural que serbia como defensa en contra de invasores extranjeros. Ese era el hogar del  joven Marques de Aironjill quien ahora no tenía nada mas en este mundo que el viejo y derruido castillo Aironjand, que no era más que una sombra de lo que una vez fuese una de las más bellas y majestuosas edificaciones de la realeza nevada, casi tan grande y majestuoso como el del mismo castillo real de Orsaris en la capital. El castillo Aironjand además se encontraba rodeado por un magnifico foso vestido con piedras de rio, el cual era tan ancho que el puente que lo atravesaba era una maciza estructura de mampostería en tres largos y  robustos arcos de ladrillos, sobre el cual cabían 2 carruajes reales tirados por 8 caballos cada uno al lado del otro, con un foso tan profundo como el fondo de un pequeño lago, además tenía una gran cantidad de peces dentro de él, en su mayoría llevados hay por su padre desde lagos y laguas cercanas, pues este era un gran amante de la pesca y de comer peces de agua dulce. Pero el padre de Maksimilian, el Marques  Maksimilian Aironjand Orem IV, se quito la vida, dándose un tiro en la cabeza, después de haber perdido toda su fortuna en las casas de apuestas poco después de que su hijo Maksimilian V se graduase de ingeniero metalúrgico en la Real Academia De Ingeniería, dejándolos a él y a su madre, una distinguida pero frágil mujer de hermoso cabello negro y ojos turquesa. Desamparados ante los implacables acreedores que reclamaban el pago de las cuantiosas deudas del una vez opulento Marques del Hierro. El joven Marques a sus 21 años tuvo que lidiar con la carga de las deudas de su padre, cuyo pago le exigió la pérdida de casi todo su patrimonio, del cual solo logro salvar, él una vez imponente castillo familiar y unas cuantas tierras aledañas.

Su madre conmocionada por la muerte de su esposo y la ruina de su familia, cayó en una profunda depresión que la dejo sumida en un estado catatónico, para después finalmente morir en una institución mental pública; semidesnuda y cubierta de propia suciedad, con el rostro cubierto por su una vez hermoso negro cabello lacio, que ocultaba su aun hermoso rostro ahora con una mirada vacía en sus ojos.

Después de esta tan terrible pérdida, a sus 23 años Maksimilian ya formaba parte de la industria manufacturera en una de las fábricas de herramientas y partes metálicas para maquinarias de la familia Klaus, como maestre ingeniero a cargo del área de moldes maestros. Después de haber trabajado un tiempo por su cuenta como herrero en la vieja fragua de su tatarabuelo, la cual se encontraba en las tierras cercanas al castillo y que su familia mantenía con gran cuidado para no olvidar, lo que el trabajo duro y una voluntad fuerte como el hierro podían lograr, por lo que él comenzó de nuevo su vida allí, ejerciendo la profesión de herrero al igual que sus ancestros, para poder mantenerse y ahorrar algún dinero e irse de aquella ciudad y regresar algún día como el gran señor de Aironjand, para recuperar lo que era suyo por derecho.

En las fábricas de herramientas y partes metálicas para maquinarias de la familia Klaus, comenzó en muy poco tiempo a ganarse  la confianza y el aprecio del Barón Klaus, por su disposición al trabajo duro y la gran determinación que mostraba, razón por la cual este lo invito personalmente  a la celebración en su castillo de la llegada del espíritu de las nieves, pues el Barón Klaus había conocido a al padre de Maksimilian, el poderoso señor del hierro y su esposa cuando esta estaba embarazada del joven Maksimilian, ya que en aquel entonces el difunto Marques era el principal proveedor de hierro para sus fabricas metalúrgicas.

Llegado el día de la gran celebración invernal del 21 de diciembre, el castillo se lleno de gran algarabía por la celebración, este estaba lleno de movimiento por los preparativos del festival de la nieve, en el que se celebraba la llegada del espíritu de invierno, por lo que en motivo de este era un tan  importante evento en la tradición del reino de la nieve y sobre todo para la Ciudad de Snouforrest y la región del Bosque Nevado, por lo que el Barón Klaus realizaba cada año una fiesta en honor de la reina de las nieves en su castillo, como era llamado comúnmente el espíritu de invierno, esta celebración se había realizado en el castillo desde el tiempo del Barón Lusian I, quien había iniciado esta tradición por su esposa, la cual era una gran devota de la reina de las nieves. Haciendo que a esta faustuosa gala no solo asistían los miembros de la nobleza del Reino De La Nieve, del clero y de la comunidad académica, así como los oficiales de alto rango del ejército y los miembros más ilustres de la corte real (funcionarios en altos cargos del orden y administración del reino, subordinados a la corona, sin ser miembros de la nobleza), también llamados comúnmente cortesanos (aquellos que tienen una alta posición al servicio de la nobleza), además de las familias más adineradas e ilustres del reino pertenecientes a los gremios bancario y de comerciantes, así como importantes representantes extranjeros en el reino, cuyas fortunas e influencias, opacaban incluso a algunos de los miembros más distinguidos de la nobleza, quienes los veían con recelo, aunque los trataban con gran cordialidad, pues el rey los consideraba de vital importancia para el desarrollo financiero y estratégico del reino.

Y al Snouforrest ser una importante y hermosa ciudad industrial rodeada por un extenso bosque que permanecía cubierto por la nieve la mayor parte del año y estar ubicada tan al norte del reino, conocida por su bella catedral de la divina virgen blanca o doncella de las nieves al oeste y del famoso templo de invierno de la Reina De Las nieves al este, la convertían en una apacible urbe rodeada de bosques de alto y frondosos pinos cubiertos de nieve casi todo el año, además el castillo Klaus era uno de los más hermosamente construidos y admirados del reino, ya que este había sido construido con bloques de mármol blanco de una cantera cercana, por el primer Barón, edificado junto a un pequeño lago natural, llamado Lago Termal; formado por la explosión natural de un geiser hace cientos de años, por lo que las aguas de este permanecían cálidas durante todo el año, incluso durante los inviernos más severos, razón por la cual este siempre estaba lleno de hermosos cisnes de nieve, llamados así por su puro color blanco, estas magnificas aves eran de gran adoración por los pobladores del norte, por lo que era un sacrilegio matarlas pues estas también eran llamadas aves de dios. Durante la época del padre del Barón, este por disposición de su esposa, que era una mujer muy devota y creyente de las viejas tradiciones, hizo ensanchar el lago, aumentando su diámetro y redondeado su circunferencia en un círculo perfecto, vistiendo sus orillas con los mismos bloques de mármol blanco con los que se construyó el castillo, para darle a este un aspecto más sagrado, como el de un aro angelical; digno de las aves de dios.

Preparándose para la gran festividad, los salones del castillo eran decorados con esmero por los sirvientes, para recibir a sus ilustres invitados, poniendo especial atención al gran salón principal, donde se llevaría a cabo el baile de invierno, que estaba siendo especialmente adornado con las hermosas y fragantes rosas copo de nieve, las cuales eran unas exuberantes rosas blancas de grandes pétalos y tallo verde azulado que solo crecían en la regiones nevadas, floreciendo solo durante la víspera del inverno a la luz de la luna, para marchitarse durante el deshielo, al final del invierno. Estas se encontraban por todos los rincones del magnífico salón decorando el lugar, incluso en la inmensa mesa del bufet, pues según la tradición los invitados debían servirse de la mesa de abundancia durante la cena en la celebración, ya que era más un festival que una fiesta, por lo que además de la imponente mesa principal el bufet, eran colocadas otras largas mesas de comida y bebidas en los demás salones, colmadas de los más exquisitos platillos y postres del reino, así como las bebidas más finas: ponches dulces para los niños y licores para los adultos, como el Jearit  (champagne dulce de fresas: un vino champan izado hecho mediante la fermentación alcohólica de las fresas), que era servido solo durante las festividades de invierno a los miembros de la nobleza, pues era una bebida sumamente apreciada y costosa.

Esa gran noche ya al haber dado inicio el gran baile de invierno en el castillo Klaus, después  de la culminación de la entrega de ofrendas a la reina de las nieves en el santuario del bosque nevado durante el amanecer, y ver las danzas ceremoniales de las sacerdotisas del templo y las obras realizadas por estas representando las leyendas de la reina de las nieves, para después ir a la misa en honor a la virgen blanca en la gran catedral, mientras un coro de bellas jóvenes entonaban hermosos cantos gregorianos durante el atardecer, para crear la atmosfera de solemnidad y respeto al espíritu de invierno, y así acudir después a la gala del castillo y el gran festival en los alrededores de este, en donde los pobladores se reunirían en la noche para entonar cantos en honor al espíritu de invierno, hasta muy entrada la madrugada, esperando el amanecer, al igual que el señor del castillo junto a su familia e ilustres invitados, en el baile del castillo que culminaría la mañana siguiente  coincidiendo con el final del festival del espíritu de invierno.

Después de las celebraciones religiosas, en el castillo Klaus; al dar las 7 de la noche, el mayordomo de este junto a los demás sirvientes se alistaban para recibir a los invitados, algunos de los cuales eran amigos muy queridos de la familia. El Barón Klaus III estaba vestido con su uniforme de Coronel de la Real Caballería De La Nieve, en la que se había distinguido por sus servicios en las guerras fronterizas del sureste, por haber expulsado eficazmente a los invasores del vecino Reino Del Dragón, que para aquel entonces buscaban expandir sus fronteras para ampliar sus territorios y apropiarse de parte de los ricos yacimientos de hierro del Reino De La Nieve, tomando parte de la cordillera este del reino, cuando el Barón era Capitán de caballería, siendo altamente reconocido por su victoria en la difícil campaña, pues los ejércitos del dragón eran una fuerza temida por su gran número de soldados leales hasta la muerte a su rey y la gran capacidad de estos para la guerra, arte que habían perfeccionado en gran medida por que su mismo reino había nacido de una larga guerra de más de cien años entre provincias vecinas, que antiguamente no era más que una federación de 9 estados feudales, que llego a su fin tras una brutal y sangrienta campaña de 10 años iniciada por uno de sus señores feudales, conocido comúnmente por aliados y enemigos como el dragón rojo, quien termino por unificar los 9 feudos bajo su mando, después de ejecutar a los otros 8 señores feudales junto a sus familias, para formar el Reino Del Dragón, cuyo escudo real es un dragón rojo de 9 cabezas, y cuyo nieto tenia la ambición de tomar el muro de hierro del norte para su reino, durante la corta pero brutal guerra fronteriza de la cordillera de hierro. Pero el Barón que ya conocía la fama de los ejércitos del dragón, por los informes de su mentor en la real academia de oficiales el Coronel Normer; un experimentado guerrero y estratega, quien lo ascendió de rango antes de morir dejándolo al mando de sus hombres y de la posición que defendían; pero al verse superados en número, con las bajas en aumento y sin refuerzos próximos, ordeno la retirada de sus hombres en dos flancos, enviando a la mitad de estos a reforzar la defensa en la cercana base de la importante ciudad portuaria de Torre Esmeralda, mientras él y el junto a la otra mitad de sus fuerzas se ocultaron en las cercanías esperando la caída de la noche y  regresar después al campamento enemigo, establecido donde ellos se encontraban antes, para así quemar su campamento y hacer volar sus depósitos de municiones, creando caos y confusión en la filas enemigas, al mismo tiempo que destruían la mayor parte de su arsenal, todo esto tan solo con la mitad de sus fuerzas, separadas en pequeños grupos de 3 hombres para que el enemigo fuera incapaz de centrar su ataque y sus defensas, en un solo objetivo, sin saber el numero o posición de sus atacantes, esta fue una estrategia brillante pero con alto costo, pues la mayoría de sus hombres perecieron en esta audaz incursión, pero logro que al estos perder casi todo de su arsenal, dejando al enemigo prácticamente desamado, permitiendo a las fuerzas apostadas en Torre Esmeralda acabar con las debilitadas fuerzas enemigas y expulsar a estos del territorio, casi sin ninguna resistencia.

Al final, la arriesgada estrategia del joven Capitán Lusian III, resulto ser crucial en la expulsión de los invasores, sobre todo gracias a la gran coordinación entre él y el Sargento Maikolds, quien acepto renuente sus órdenes de tomar el mando de la otra mitad de sus hombres y dirigir el contra ataque, pues este no quería que el barón como su oficial superior arriesgara su vida innecesariamente en la incursión furtiva al campamento enemigo, pero el barón estaba decidido a probar la eficacia de su plan con su propia vida junto sus hombres como un soldado leal a la corona, y unirse después a sus refuerzos en la brutal matanza de las casi desarmadas fuerzas del imponente ejercito de del dragón, que fueron mutilados salvajemente por estos, utilizando después  los restos despedazados del enemigo para levantar la el infame muro de muerte, del portal sureste y colocando en picas hechas con los estandartes del enemigo las cabezas cercenadas de los oficiales de alto rango frente al  puerto, para que fusen vistas por los barcos enemigos que amenazaban con una segunda invasión por mar. Pero que al ver esto, abandonaron finalmente su campaña de invasión del norte y decidieron en su lugar establecer un tratado de no agresión y libre comercio con el Reino De La Nieve, después claro de entregar un generoso agravio por las molestias de la guerra y acordar un adecuado tributo por los derechos de libre comercio entre ambas naciones, cuyas economías siempre se habían beneficiado mutua mente del intercambio comercial, lo suponía una gran fuente de ingresos para ambos, pues un enemigo capaz de tal monstruosa victoria era más conveniente como aliado que como adversario. Además gracias a toda esta campaña el Barón Lusian III, era conocido como el Terror de la nieve: pues la imagen que tenían sus enemigos de él era la de un hombre en uniforme blanco saliendo de la oscuridad y tiendo la nieve de sangre. Por lo que por sus servicios distinguidos durante la guerra; fue ascendido al rango de coronel y se le fue otorgada la condecoración del Corazón Carmesí, de manos de mismo rey, en reconocimiento a su desempeño y bravura en la batalla, en el nombre de la corona, igual que lo fuera su padre y su abuelo, los anteriores Barones Klaus en su tiempo.

Llegada la noche en el castillo, ya habían comenzado a llegar los invitados, el Barón y su hijo menor esperaban a Sorha para salir a recibirlos, El pequeño Lusian al ver a su padre con su uniforme, el cual solo usaba durante el baile de invierno o cuando debía asistir a eventos protocolares en la corte y en los festejos oficiadas del Castillo imperial. Por lo que este se le quedo mirando en silencio, impresionado por la imponencia de su padre al lucir tan distinguido, diciendo poco después lo siguiente:

-          Padre, cuando crezca quiero ser como tú.

A lo que su padre respondió primero en actitud seria pero luego, con una sonrisa de felicidad y orgullo.

-          No serás como yo, pues serás mejor que yo, por ser que serás tú.

El pequeño sonrió y abraso a su padre con gran emoción y este lo rodeo con sus brazos, pensando en lo feliz que estaría su esposa, su amada Nataha si estuviese con ellos ahora. Entonces Sorha que los había estado observando desde el otro lado del salón, se acerco a ellos con calma y con los ojos iluminados. Por lo que al verla, su padre la confundió por un momento con su amada Nataha, pero; al esta acercase mas a ellos, el se dio cuenta de que era su querida hija y sonrió al ver que una parte su esposa seguía con él en sus hijos, a quienes amaba tanto, por lo que lo eran todo en su vida. Por lo que esa la noche, el Barón y sus hijos ya se encontraban en gran el salón principal, como era la costumbre, para recibir a sus invitados y agradecerles en persona por su asistencia, mientras que el señor Maikols, el mayordomo de castillo se encargaba de supervisar todo, para asegurarse de que los ilustres invitados del barón fusen atendidos debidamente por los sirvientes y poniendo especial atención a la comida y a la bebida, para estas se mantuvieran en abundancia en las mesas durante toda la noche.

Sorha se veía especialmente hermosa esa noche, llevaba puesto un bello vestido  largo entallado de ceda azul celeste, con los hombros descubiertos y una abrigadora estola blanca de piel de conejos de la nieve y como toda dama de sociedad llevaba puestos unos largos y finos guantes blancos de seda y encaje. Además  su hermoso cabello dorado platino estaba elegantemente peinado y sujeto con unos delicados sujetadores de oro blanco en forma de plumas de cisne nevado con incrustaciones de pequeños zafiros azules que seguían la línea de las plumas y que pertenecieron a su madre, siendo estos un obsequio de la madre del Barón a la Baronesa Nataha, en su cumpleaños 16 años, pues esta era su madrina de bautizo y la quería como a una hija, puesto que sus abuelas paterna y materna se conocían desde niñas y eran grandes amigas de la infancia.

Los sujetadores pluma de cisne iban maravillosamente con el largo cabello se Sorha, tan  largo que caía sobre su espalda hasta su espalda baja, como solían llevarlo las valkirias en los antiguos relatos del norte. Para completar y como detalle final; su peinado dejaba caer un estilizado largo mechón de su sedoso cabello sobre parte de su hermoso rostro, hasta su mejilla izquierda, dándole un aire de misteriosa elegancia juvenil a la hermosa Baronesa, además esta llevaba puesto por primera vez, el magnífico collar “Corazón Celeste”: Un esplendido collar de oro blanco, cuya pieza central era un diamante azul celeste finamente cortado en forma de corazón, sin duda alguna, una de las joyas más exquisitas del reino, la cual fue el regalo de compromiso que el Barón Lusian III le dio a su amada Nataha, pues para él un anillo no era suficiente, para demostrarle el verdadero valor de su amor por ella, siendo este hermoso y eterno corazón azul  la representación de su eterno amor por ella, por lo que ella siempre lo llevaba puesto durante el baile de invierno y así recordar aquel mismo baile de invierno en el que el barón le pidió compartir su vida juntos, diciéndole aquellas bellas palabras que siempre recordaría:

-          Con mis manos he tomado el corazón que latía de amor por ti en mi pecho y ahora te lo entrego, porque sin ti ya no lo necesito.

En medio de los bellos recuerdos y ya cuando todos los invitados habían llegado a la fiesta, los más jóvenes bailaban animadamente en el gran salón, mientras los mayores conversaban amenamente mientras disfrutaban del esplendido banquete, contando anécdotas de su pasado, de sus viajes a tierras lejanas, y poniéndose al día con las ultimas noticias del reino y de los escándalos de algunos miembros de la nobleza, amenizados con el dulce y embriagante Jearit, el cual solo podía disfrutarse en abundancia en eventos espaciales como el baile de invierno. Los más pequeños se divertían comiendo de la gran variedad de dulces y ponches afrutados de las grandes mesas de los salones, mientras recorrían el magnífico castillo en sus juegos inocentes; como el pequeño Barón Lusian IV que estaba en el salón de armas del castillo, en donde se hallaban las armaduras y armas de sus ancestros y de los enemigos que estos habían vencido, y que a él tanta fascinación le causaban, al igual que a sus amigos; la señorita Natalia; la única hija del Conde Lightin III y Estefan II, el hijo menor de la Duquesa Viviana Eiser, viuda de Silverhell. Natalia y Estefan eran los mejores amigos de Lusian a pesar de vivir en regiones diferentes, aunque Natalia era un año menor que Lusian y Estefan esta era mucho más madura que ellos y era la voz de la razón para los dos traviesos jóvenes, Estefan era el más temerario de los tres, siempre buscando una aventura tras otra y trataba a Lusian como a un hermano menor a pesar de solo ser un par de meses mayor que él y Lusian aunque también era temerario como Estefan, era menos osado que este. Al ver las maravillosas armaduras del salón y sobre todo las armaduras de los oficiales del Reino Del Dragón, que el Barón Klaus tomo como recuerdo de su victoria sobre estos, las cuales eras tan elaboradas que casi parecían estar hechas con las pieles de los dragones que según las leyendas dieron la vida a la feroz rasa guerrera del Reino Del Dragón.

Al mismo tiempo, en el gran salón principal los jóvenes aristócratas vestidos con sus mejores galas, se pavoneaban frente a las bellas y elegantes señoritas de la nobleza, en busca de una compañera de baile y como siempre Las más populares eran: Sorha y por supuesto bella pero caprichosa Marineya, la sobrina del Marques Mauricio Aulio Mariner Luna VI, quien era el propietario de la flota mercante más grande del reino y que nunca se caso, debido a su carácter reservado y a que en su vida solo amo a una mujer, sin ser este correspondido por ella. El Marques Mariner, se hiso cargo de la joven Marineya cuando esta solo tenía 5 años de edad, adoptándola como su hija, después de que su hermano menor y única familia, muriese junto a su esposa en un trágico accidente.

Marineya era una joven sumamente atractiva, de  piel morena clara, ondulado cabello rojo carmesí y bellos y profundos ojos azules, quien a pesar de ser un año menor que Sorha, se había desarrollado tempranamente, por lo que a sus 15 años, su figura parecía la de una voluptuosa y esbelta joven mujer de 18 años con un rostro de niña inocente. Para aquel importante evento Marineya llevaba puesto un largo y esplendido vestido negro entallado con finos encajes, con un largo pero no exagerado escote en la espalda, que combinaba perfectamente con sus largos y finos guantes totalmente de finos encajes en forma de rosas negras entrelazadas, que dejaban al descubierto parte de sus delicadas manos. Además la caprichosa y hermosa Marquesa llevaba su cabello arreglado como el de las princesas de la corte real del Reino De Los Castillos (un estilo muy parecido al peinado de gala de las bailarinas de flamenco español), reino que había visitado recientemente  junto a su tío, mientras este trataba asuntos de negocios con miembros de la nobleza de dicho reino extranjero, donde quedo fascinada con las damas del reino; cuyo estilo elegante y moderno era tan innovador para el más conservador Reino De La Nieve, debido a que el reino de los castillos recientemente habían comenzado la conquista de nuevos territorios en un lejano continente al oeste de su reino, cruzando las peligrosas y misteriosas aguas del inmenso océano antillano y regresando del otro lado de este con grandes riquezas, con todas las posibilidades en su contra, guiados por un visionario y ambicioso joven almirante: el almirante kolombo kristobale Di Triana, que aposto todo lo que tenía en tan riesgosa empresa, mereciéndose el respeto y admiración de todo El Reino Castillano. Además de su elegante y vanguardista atuendo, Marineya deslumbro a todos llevaba puesta una elegante tiara de oro macizo incrustada de innumerables y raros pequeños diamantes rojos, cortados delicadamente en forma de pequeñas rosas, haciéndola lucir como una princesa de cuento de hadas, pero eso no era todo, ya que el resto de sus exquisitas joyas hacían juego con la esplendida tiara, sus pendientes también de raros diamantes rojos en forma de rosas y su hermoso collar: Flor De Invierno, un gran diamante rojo carmesí, cortado en forma de rosa imperial colocado en un fino collar de eslabones con forma de hojas de oro macizo, siendo todas estas joyas un obsequio especial de su tío, por pedido de ella misma, para usarlo en esa ocasión especial y así opacar a Sorha en el baile dado en su castillo, pues ella consideraba a esta su rival, llamando a esta anciana al dirigirse a ella, para molestarla por ser esta un año mayor que ella, pero Sorha siempre le contestaba con gran cariño y sin prestarle mayor atención a sus ofensivas palabras, pues ellas habían sido en el pasado grandes amigas de la infancia y ella aun recordaba aquellos momentos con cariño, además a pesar de su gran belleza, Marineya no tenía ninguna amiga, pues era sumamente soberbia y antipática con todos a su alrededor, debido a que su tío siempre la malcriaba complaciéndola en prácticamente todos sus caprichos, pero a pesar su carácter altivo, ella era muy pretendida por los jóvenes del reino, por ser la única heredera de la cuantiosa fortuna de su tío.

Pero la razón por la que Marineya rompió su amistad con Sorha fue a causa de un malentendido entre ellas por el amor de un joven, lo que había sucedido ya hacía algún tiempo, cuando la joven Marquesa tenía tan solo 13 años, esta se enamoro de un joven Capitán mercante de 21 años que trabajaba para su tío, pero al este negarse a besarla en los labios durante una visita a su tío por asuntos de negocios, mientras esperaban juntos la llegada de este en los jardines de su castillo, esta como la niña mimada que era se sintió ofendida al ser despreciada y lo acuso de haberse propasado con ella para vengarse de él, cosa que su tío no creyó, pues él conocía muy bien al joven y a su familia desde antes de que este se hubiese graduado de la academia naval y además sabia que el joven Capitán se había comprometido recientemente con una hermosa joven de la que siempre había estado enamorado,  algo de lo que el Marques Mariner podía dar fe, pues este también conocía a la joven prometida del capitán y además le había hecho recientemente a este un préstamo por una buena suma de dinero para comprar una casa para vivir junto a su futura esposa, a la que amaba profundamente. Pero para no contrariar a la caprichosa Marineya y evitar conflictos entre ellos, este se vio obligado a despedir al joven capitán, pero al no sentirse bien por despedirlo de esa marera por algo que el sabia no había hecho, este decidió dar por pagado el préstamo que le había hecho y además lo envió con excelentes recomendaciones con su gran amigo y socio de negocios el Barón Klaus, quien lo contrato para capitanear uno de sus barcos cargueros, entonces casi un año después de aquel incidente, cuando Marineya fue a visitar a Sorha, vio a esta charlando amenamente en su jardín  con aquel apuesto Capitán que la había despreciado aquella vez, quien se encontraba allí por casualidad esperando al Barón, pero Marineya siendo como era, estaba molesta al sentirse despreciada por el hombre y se sintió traicionada por su amiga al ver a esta junto a su amor platónico, por lo que después de esto la caprichosa Marquesa rompió su amistad con Sorha y considerándola su enemiga, tratándola como su rival, sobre todo en las festividades de la nobleza, en donde estas eran pretendidas por los muchachos de la clase alta y podían dar gala de su posición y estatus, compitiendo contra ella para demostrar quién era la que poseía mayor atractivo, sin que esta le diera la mayor importancia, pues esta no la veía como a una enemiga o a una rival y aun albergaba la esperanza de que volvieran a ser amigas otra vez.

Tarde en la noche, agotadas por el baile Sorha y Amanda su mejor amiga, quien tenía su misma edad, se  detuvieron un momento para sentarse en unas de las sillas alrededor del gran salón principal, para descansar y tomar algo de ponche. Amanda era la hija del Sr. Maikolds, el mayordomo del castillo y además era la ahijada del Barón Klaus, quien la trataba como a parte de su familia. La joven Amanda era una bella señorita de piel muy blanca, cabello castaño y ojos violetas, tenía un carácter dulce y gentil, además de ser algo tímida y quien siempre llevaba puestos unos pequeños y delicados anteojos de filigrana de oro, que su padre había hecho para ella, ya que esta no tenia buena vista, de hecho sin ellos era muy poco lo que podía ver, por lo que su padre el señor Maikolds, hiso el mismo para la montura para los cristales para ella cuando era más pequeña, y hacia una nueva para ella a medida que esta crecía, demostrando una gran habilidad y talento para ello, pues estos eran más que una ayuda para vista de su hija, al lucir como un bello accesorio digno de cualquier miembro importante de la nobleza, puesto que en su juventud, mucho antes de conocer al Barón y ser el mayordomo del Castillo Klaus, había ejerció el oficio de orfebre en una respetada joyería de la ciudad de Preseanski, la capital del reino; en donde  aprendió el fino arte de la joyería de la señora Nanet Le Femrous, viuda de Safiriant, quien después de la muerte de su esposo, a causa de un infarto hacia pocos años, se había hecho cargo de la prestigiada casa de joyas Le Sefirion, la cual había pertenecido a la familia de su esposo desde hacía generaciones  y de la que tuvo que encargarse por sí misma para poder mantenerse a ella y a su pequeña hija Monik que para aquel entonces solo tenía 9 años, quien era una  preciosa niña de tez clara, de cabello castaño y ojos azules, ella era la gema más preciada del matrimonio Safiriant, pues después de intentar tener hijos durante mucho tiempo sin éxito y habiendo perdido toda esperanza en ello, dios los bendijo con la linda Monik, cuando la Sra. Nanet tenía ya casi 40 años, por lo que requirió muchos cuidados durante su tan anhelado embarazo.

El señor Antuan Safiriant, quien había dedicado su vida a mantener el prestigio de la casa de joyas Le Sefirion, una de las más importantes del Reino Nevado y de las de mayor reconocimiento en el extranjero, la cual era el legado de su familia, habiendo sido heredada a el por su padre y fundada por su abuelo, un inmigrante del Reino De Los Castillos, que además fue el creador de los preciosos sujetadores de cabello: Plumas De Cisne, y siendo el hijo de este el padre del Sr. Antuan quien creó una de las piezas de joyería más exquisitas del reino: el collar Corazón Celeste; el cual fue hecho a petición especial del mismo Barón Lusian III, como obsequio de compromiso a su prometida, la bella Condesa Condesa Nataha Senia Pioban Silberport I, la hija menor del Conde Okkam Lukario Pioban Russhan IV, lo que le valió a la familia Safiriant y a su casa de joyas: Le Sefirion, el reconocimiento por parte de la nobleza de ser una de las mejores joyerías de todo el reino.

Para cuando el Sr. Antuan tenía ya 38 años, era un hombre adinerado y su apellido gozaba de cierto prestigio en el reino, siendo este muy apreciado en su comunidad, pero él era un hombre solitario que pasaba sus noches solo en compañía de sus libros, pues él era sumamente culto e instruido, hasta que una tarde de sábado al salir de la librería, cargado de libros como siempre, pues nunca llevaba menos de 5 o 10 de ellos, pero al salir de la librería este tropezó dejando caer algunos de los libros que llevaba con tanto cuidado y una joven que caminaba hacia la entrada  de la librería amablemente lo ayudo a levantar los libros que se le habían caído, después al agradecer a la joven por su ayuda y mirar el bello rostro de aquella gentil señorita, esta le sonrió amablemente y le dijo:

Debe tener más cuidado al caminar llevando tantos libros, podría lastimarse.

Se despidió y entro a la librería sonriendo discretamente, pues el Sr. Safiriant le pareció un caballero muy sináptico y aun siendo este un hombre maduro, era también un señor muy distinguido y apuesto de lacio cabello cobrizo, ojos azules y tez clara, quien era algo tímido, por lo que al verla a los ojos se quedo sin palabras por un momento cuando ella se inclino para ayudarlo a levantar sus libros diciendo tan solo gracias, mientras se arreglaba los anteojos cuidadosamente. El pobre Sr. Safiriant paso toda la semana sin poder concentrarse bien en su trabajo, pues el rostro de aquella amable señorita estaba siempre presente en sus pensamientos, por lo que el sábado siguiente este se armo de valor y decidió ir a la librería para ver si volvía a encontrarse con aquella joven, así que entro en esta y espero en ella un largo tiempo mientras caminaba por los corredores de la misma, pretendiendo estar interesado en algunos de los libros sin prestarles mucha atención a ninguno de ellos, pero la joven no estaba allí y en su recorrido por los estantes llenos de libros y frustrado en su ilusión de volver a verla, encontró un libro que le pareció interesante así que decidió llevarlo consigo y al ir con la propietaria  quien era amiga suya desde que esta abrió la librería en la ciudad, ella le pregunto que si ya había ledo algunos de los otros libros y si estos le habían gustado, pues el usualmente iba a la tienda cada 3 o 5 semanas y este algo apenado ya que era un hombre algo tímido, le pregunto sobre aquella gentil señorita que lo había ayudado aquel día. Esta se quedo en silesio un momento mirando al educado caballero y después volteo asía la puerta a su lado, que se encontraba entre  abierta y dijo en voz alta:

Sra. propietaria: - ¡Hermana!  Ben  por favor, alguien pregunta por ti. 

¿Hermana?,  se dijo así mismo el Sr. Safiriant. Entonces la joven algo confundida fue a ver quien la buscaba, pues hacia poco que había llegado a la ciudad y aun no conocía a nadie en aquel lugar aparte de su hermana y el esposo de esta, pero al mirar al caballero lo reconoció casi de inmediato, pues este había causado una buena impresión, por ser un hombre con un rostro apacible, así que lo saludo cálida mente, con un simple:

Srta. - Hola, como ha estado.

Sr. Antuan: - Bien, gracias ¿y usted?, por cierto gracias de nuevo por su ayuda el otro día.

Srta. - Muy también, y no hay de qué. 

Sr. Antuan: - Así que usted es la hermana de Ibet, pero yo creí estudiaba en el extranjero.

Sra. Ibet (propietaria): - Así era, pero ella ya se graduó en historia del arte en la Real Academia De Bellas Artes del Reino De Los Castillos, por lo que regreso para ayudarme un tiempo en la librería.

Sr. Antuan: - Ya veo. A que modales los míos, he olvidado presentarme, mi nombre es: Antuan Safiriant. 

Srta. - Ya lo sé, mi hermana y mi cuñado me han hablado mucho de usted, mi nombre es: Nanet, y estoy encantada de conocerte.

-          Por cierto,  ya es hora de mi descanso, ¿me acompañaría a tomar un café  para poder charlar con más calma?

Sr. Antuan: - Si claro, si no hay problema por Ibet, yo estaré encantado de disfrutar un café en su agradable compañía.

Srta Ibet: -  Por mí no hay ningún problema, ahora no hay mucho que hacer, pero vuelve para ayudarme a cerrar.

Sra. Nanet: - Está bien, volveré para la hora de cerrar.

Luego miro a Antuan pícaramente y dijo sonriendo:

-          Pero, pensándolo mejor, hoy a sido una mañana calurosa, que le parece si mejor damos un paseo por el parque y tomamos un refresco.

Sr. Antuan: - ¡Eso sería maravilloso!, perdón, si claro, por mi está bien.

Srta. Nanet: - Ja, ja, ja (rio cubriendo sus delicados labios con su mano).

Después sonrió dulcemente mientras miraba los claros ojos azules del gentil caballero y dijo:

-          Es usted muy simpático, ya veo porque mi hermana y mi cuñado lo aprecian tanto.

Así que caminaron juntos al parque, mientras Antuan escuchaba atentamente los apasionados relatos de la bella joven sobre su vida en el país extranjero y de su amor por el arte y la belleza y sus muchas formas. Ya en el parque y algo sedientos por el largo camino y la animada charla compraron unos refrescos de cereza y se sentaron en una de las bancas del parque bajo un gran árbol floral, en donde la joven le preguntaba a Antuan sobre su trabajo y de lo maravilloso que debía ser crear belleza con los materiales más finos, por lo que el al ver su interés le hablo sobre el amor y la dedicación que su padre le inculco por el fino arte de la joyería y de cómo cada pieza tenía en ella un poco del alma de su creador.

Sr. Antuan: - Así que Ibet y Yorh ya le había hablado sobre mí. Por supuesto, es que ya hace mucho tiempo que somos amigos. A su hermana la conocí cuando se mudo aquí con Yorh y abrió la librería y a Yorh lo conozco desde que éramos niños.

Srta. Nanet: - Si, es que sentí curiosidad de usted después de lo del otro día y le pregunte a mi hermana, y me conto que usted era su amigo, aquel del que me había contado en cartas en ciertas ocasiones, en las que lo describía como alguien que amaba la literatura tanto como ella y su esposo y que había sido usted quien había despertado el interés de Yorh por la literatura cuando era solo un muchacho que siempre estaba metido en problemas por su carácter rebelde y que además de no ser por usted nunca se hubiesen conocido.

-          Ho, dios mío, es tarde, debo irme, ya es hora de serrar, continuaremos nuestra cita otro día. Hasta luego señor Safiriant.

Dijo sonriendo mientras corría apresurada a la librería.

Sr. Antuan: - Adiós señorita Le Femrous.

Dijo mientras se despedía de la joven agitando su mano. Pensando en las palabras de despedida de la joven; ¡nuestra cita!, no podía creer que de verdad una joven tan bella se pudiese fijar en el. Pero de verdad esperaba con ansia su próximo encuentro con la bella Nanet, ya que no podía apartar sus pensamientos de aquella encantadora joven.

El domingo siguiente, como era costumbre Antuan se dirigió a casa de sus amigos; Yorh y su esposa Ibet, y como siempre llevaba como presente un tinto añejo de buena cosecha y un buen queso añejo para almorzar con ellos, después de casar con Yorh, quien era escritor y rara vez salía de su estudio; la habitación más amplia de la casa, ubicada en el segundo piso y que él y su esposa arreglaron para guardar sus libros favoritos, por lo que también les servía de biblioteca, donde Yorh se encerraba largas horas para escribir sus libros, los cuales eran muy populares entre la gente, por sus historias sencillas llenas de aventura y personajes carismáticos. Por lo que rara vez salía de case, más que para ver a su editor o salir a cenar o al teatro con su esposa de cuando en cuando y claro a acampar a las orillas de un rio cercano para obtener inspiración en la apacible calma del bosque o cazar liebres y pescar truchas  con Antuan, aunque casi siempre llegaban con las manos vacías, pero llenos de historias que contar, pues la salida de caza y pesca, era más para respirar aire puro, estirar las piernas y tomar el sol que otra cosa. Antuan estaba emocionado pues Nanet estaría allí, pero cuando llego, ya Yorh estaba listo y esperándolo con todas las cosas, e Ibet les había preparado una bolsa con emparedados de jamón y una botella de jugo de cerezas, para que desayunasen después de montar el campamento, pues ellos acostumbraban salir muy temprano, y apenas si comenzaba a salir el sol cuando partieron,  por lo que seguramente Nanet aun dormía, así que Antuan debía esperar hasta el día siguiente para su encuentro con la bella joven. Pero ese día los favoreció la providencia y se toparon con tres liebres plateadas de buen tamaño, Yorh que aunque no era un muy buen tirador logro darle a dos de ellos sin muchos problema, pero Antuan que caminaba distraído pensando en Nanet, apenas si vio a las liebres, y solo pudo hacer 2 rápidos disparos,  pero solo logro darle a un viejo árbol, contentos con su buena fortuna siguieron al lugar de costumbre para levantar el campamento y poder desayunar y preparar las liebres para el almuerzo, esa tarde después de pasar el día charlando de un poco de todo, se sentaron a la oriya del rio para pescar pero esta vez la suerte no estuvo de su lado, pero gracias a Ibet que ya conocía muy bien sus grandes habilidades de caza y pesca, además de haberles preparado el desayuno también les alisto algunas salchichas un poco de queso y una pieza grande de pan, para que no pasaran hambre. Esa noche también hablaron de muchas cosas y una de ellas fue la simpática historia del encuentro de Antuan y Nanet, la cual saco al tema Yorh, pues eran amigos desde hacía ya algún tiempo y aun así nunca le conoció ninguna mujer en su vida, pues el era un hombre reservado y algo tímido, que ocupaba la mayor parte de su tiempo entre su trabajo y leer libros, e Ibet le había dicho que creía haber notado un interés mutuo entre esos dos en aquella ocasión, hecho que ella pudo confirmar después de hablar un poco con Nanet y que tambien pudo corroborar el mismo Yorh al conversar esa noche junto a la hoguera con Antuan.

A la mañana siguiente descansados y revitalizados por la belleza y tranquilad del bosque los dos hombres empacaron sus cosas y partieron a casa de Yorh e Ibet, donde está y su hermana seguramente los estarían esperando con un delicioso desayuno de domingo, al llegar a casa Yorh abraso a su esposa con gran cariño pues la amaba mucho, y como Ibet le había contado que Antuan parecía interesado en Nanet y este confirmo los sentimientos de su amigo los cuales eran correspondidos, Yorh al ver que Nanet entraba en la sala para recibirlos, abraso a Antuan con su brazo derecho mientras sostenía la mano de su esposa y dijo:

Debieron verlo; parecía todo un experto, acertando con un solo dispara, dándole a su presa mientras esta trataba de escapar.

Mientras le susurraba al oído lo siguiente:

-          Es un regalo.

Entonces Yorh saco de su mochila la prueba se su Azaña las dos patas derechas de las liebres plateadas que él había cazado, claro que según su historia ambos las habían cazado,  pero Antuan que era un hombre muy correcto quiso en ese momento aclarar que el merito era solo de Yorh, pero al verlo tan animado ufanándose de sus habilidades de gran cazador junto a su gran amigo y certero tirador, no pudo hacerlo, pues sabía que este lo hacía con las mejores intenciones, por lo que lo dejo así para no despreciar el gesto de su amigo, además el estaba muy nervioso con la presencia de la bella señorita Nanet, quien lo felicito entusiasmada por su hazaña, mientras sonreía alegremente.  

Después de desayunar de  lo más amenos, entre risas y buenas historias entre amigos y familia.  Ibet le pido a Antuan que acompañase a Nanet a hacer una visita al templo del pueblo, pues ella estaba muy ocupada ese día ayudando a su esposo a arreglar sus escritos para ver a su editor el lunes, lo que no era más que una escusa para que esos dos pasaran algo de tiempo juntos y se conocieran mejor. Camino al templo tuvieron un buen tiempo para charlar mas tranquilamente y al llegar a este tal vez por estar frente a un lugar sagrado o por su exagerado sentido de rectitud, Antuan le conto la verdad sobre su aventura de caza, algo apenado y preocupado por su reacción, pal creer que ella pensaría que él era un tonto, pero ella solo sonrió y rio brevemente,  diciendo:

Nanet  -  Yo ya me imaginaba que realmente que más o menos así debieron haber ocurrido las cosas, pues mi hermana ya me había preparado para animarlos a pesar de todo, después de contarme sobre sus anteriores viajes de caza y pesca.

Antuan  -  Entonces no está molesta o decepcionada.

Nanet  -  Por que abría de estarlo, Yorh es así, y usted es tal y como me había imaginado que era, un hombre gentil y sincero.

Nanet solo sonrió, tomando la mano de Antuan, y entraron juntos al templo donde pasaron un buen momento juntos, agradeciendo las bendiciones de la Diosa Del Hielo (Reina De Las Nieves, Espíritu De Invierno, Virgen De La Nieve; como era llamada según la región, aunque su nombre oficial establecido por la casa real era el de Diosa Del Hielo), además de ver su fortuna en las talillas de la suerte (un trozo de papel alargado que obtienes después de que la sacerdotisa del templo determina con unos palitos escritos en runas el numero de tu suerte, el cual tomas de una pequeña gaveta de 24, de un gavetero pintado de laca negra con los números asignados gravados en oro), donde pasaron un rato divertido comparando sus suertes, la de Antuan que era: “el amor te sonríe” y la de Nanet que leyó sonriéndole: “te divertirás con la persona que te gusta”, ella lo tomo del brazo y fueron juntos a comprar un amuleto en la tienda del templo, pues según le había dicho su hermana los amuletos de ese templo eran muy efectivos, sobre todo en lo referente al amor, ella escogió uno rojo muy bonito y Antuan ofreció pagarlo como un obsequio y un buen recuerdo de ese día, que para ambos pero sin decírselo, fue tan especial, y cuando Antuan le pregunto qué oración contenía el amuleto, ella le respondió algo ruborizada con una sonrisa:

-          Es para una unión feliz en el amor.

Esto hiso que él también se ruborizara, dejándolo sin saber que decir o hacer, por lo que Nanet lo tomo nuevamente del brazo y comenzaron a caminar juntos por el hermoso jardín de flores blancas del templo, un jardín de arboles de magnolia, narcisos de nieve y lirios reales, con pequeños estanques de percas blancas que eran alimentadas diariamente por los sacerdotes y sacerdotisas del templo, a la vista de los devotos visitantes, quienes veían con agrado a las magnificas percas blancas mientras se amontonaban en la superficie del estanque al ser alimentadas, mostrando su elegante belleza como si fuesen espíritus del agua, tal y como contaba aquella vieja leyenda del folclor Shintō del Reino De La Nieve, que narra la historia de una hermosa Perca Blanca que un sacerdote joven encontró atrapada por el agua casi totalmente congelada de un riachuelo en su camino de regreso a aquel mismo santuario, que en aquel tiempo era mucho más pequeño; esta era totalmente blanca como la nieve  y de no haberse tropezado en el riachuelo al pasar por él, el joven sacerdote jamás la hubiese visto y esta hubiese muerto congelada, pero este sorprendido por su belleza rompió la capa de hielo de la superficie y la saco del agua helada con sus propias manos, metiéndola en un cuenco que lleva consigo, mientras la cubría dándole calor con su cuerpo hasta llegar al santuario, donde cuido y alimentó a la perca blanca durante todo el invierno, hasta la estación de deshielo, cuando este agradecido con la perca blanca por encontrarse en su camino y ser tan buena compañía durante el frio y solitario invierno de las montañas, este cavo una enorme zanja cuyas paredes cubrió con rocas lisas de las cercanías para hacer un estanque artificial, para que la hermosa perca blanca pudiera vivir con él en el santuario y así compartir su vida juntos, esa misma noche después de dejar a la perca en el pequeño estanque del santuario, mientras contemplaba la blanca y hermosa luna llena junto a la perca blanca, esta comenzó a agitarse mientras giraba bajo la imagen reflejada de la luna en el estanque, después comenzó a brillar mucho como si su hermosa piel blanca estuviese hecha de luz de luna, entonces ante la mirada atónita del ya asombrado joven sacerdote, esta emergió del reflejo de la luna en el estanque como una hermosa mujer joven, cubierta por un bellísimo quimono blanco y dorado estampado de delicados narcisos, mientras caminaba con elegante gracia sobre el agua hacia donde se encontraba el joven sacerdote, al cual abraso fuertemente con ternura, mientras susurraba en su oído con gentileza: “gracias”, “gracias por salvar mi vida y cuidar de mi con el cálido sentimiento de amor que alberga tu corazón”, después coloco sus manos suavemente en el rostro de este y lo beso tiernamente en los labios, entonces lo miro con cariño a los ojos y le dijo: “ el amor que me has dado ha crecido en mi interior y ahora te lo regreso para que lo compartamos juntos y vivamos felices juntos ahora y siempre”, después de eso la joven perca blanca ahora convertida en una hermosa joven de piel y cabello blanco con los ojos rojos del amor y el joven sacerdote del templo se casaron y vivieron felices junto a su descendencia hasta el final de su tiempo, y también se cuenta que la luna llena siguiente, la segunda luna llena de la primavera, del reflejo de la luna sobre el estanque del templo, nacieron 9 percas blancas, de las que descienden las percas blancas que hoy viven en el estanque del santuario.

Al despedirse de Antuan, mientras recordaban juntos la bella historia de la doncella Koi blanco y el joven sacerdote del templo, Nanet le dijo a este:

-          Espero tener la oportunidad de verlo de nuevo  el próximo viernes, para poder conocerlo un poco mejor señor Antuan.

 A lo que este asintió con alegría, respondiendo:

-          Para mi será un placer encantadora señorita Nanet, esperare con ansia para verle de nuevo el próximo viernes.

Después de acompañar a Nanet a casa, mientras charlaban amenamente durante el camino a esta, se despidieron cortes mente con un beso en la mejilla; de Nanet hacia Antuan, lo que puso muy contento al apacible caballero, quien como un adolecente enamorado regreso a su casa prácticamente caminando en las nubes, mientras pensaba en la joven que tenía su corazón, esperando con ansia nuevamente su encuentro con ella.

Así que cada viernes después de ese día, se reunían para pasear por el parque o tomar algo en una pequeña cafetería junto a este y fue pasando el tiempo y casi un año después, tras compartir largas charlas y agradables veladas en compañía mutua, un día reunidos para cenar con la familia de Nanet, Antuan al fin se armo de valor y le pidió a esta que fuese su esposa, a lo que ella le respondió dándole un fuerte y emotivo abraso, junto a un efusivo beso en los labios, todo antes de que este siquiera pudiera poner le el anillo de compromiso en su dedo (un hermoso anillo de oro macizo con un rubí cortado delicadamente en forma de rosa, su flor favorita).

La primavera siguiente se casaron en una de las iglesias de la ciudad, en una ceremonia muy íntima y emotiva a la que solo asistieron familiares y amigos, donde fue más que claro que a pesar de la diferencia de edades entre la pareja, el gran amor entre ambos los hacía ser verdaderas almas gemelas. Nanet estaba radiante, con su largo y sedoso  cabello castaño oscuro, recogido para acentuar su esbelta figura y su delicada tez clara, con su sencillo pero delicado vestido de satín blanco, decorado con finos encajes de rosas blancas de diferentes tamaños bordadas a mano, que contrastaban bellamente con su fragante buque  de rosas blancas. Antuan vestía un tradicional esmoquin negro, con una fragante rosa blanca en la solapa, y una gran sonrisa que dejaba ver su gran felicidad, la cual era mutua pues durante toda la ceremonia, Nanet no dejo de verlo con sus hermosos y profundos ojos verdes, como si no existiera para ella nadie más en el mundo.

Ya algunos años después de aquellos añorados días felices junto a su amado, la una vez  joven y bella Nanet, ahora era una señora mayor y una de los fabricantes y comerciantes de joyas más respetados de su ciudad. Y cierto día cuando la elegante señora caminaba a casa después de regresar de hacer sus compras junto a su pequeña hija Monik de 11años, la pequeña tropezó dejando caer unas grandes manzanas rojas que acababan de comprar en el mercado, las cuales terminaron junto a los pies de un muy educado niño limpia botas, que gentilmente ayudo a la pequeña Monik a recoger las manzanas, a lo que esta le agradeció dándole a este una cálida sonrisa y una de aquellas suculentas manzanas, por su ayuda, este la acepto con gusto y siguió con su labor, la señora Le Femrous también le dio las gracias y se quedo mirando por un momento al pequeño jovencito antes de seguir su camino a casa, pues le pareció inusual que un chico tan humilde, con aquella ropa raída y zapatos rotos tuviese unos modales tan refinados y se expresara de una forma tan correcta, como si perteneciese a una familia adinerada.

Sin imaginarse que aquel educado niño limpiabotas, era el hijo de quien fue en vida un prospero comerciante y el hombre más rico de la vecina ciudad portuaria de Torre Esmeralda, llamada así por su gran faro de brillante granito verde y por ser el puerto más importante del reino, pues a él llegaban las más finas mercancías, desde todos los rincones del mundo, asiendo de esta la ciudad portuaria más bella y rica del Reino Nevado, con sus grandes tiendas de fachadas de resplandecientes cubiertas de finos granitos y mármoles, en donde los miembros de la nobleza y la gente adinerada del reino compraba algunas de sus posesiones más preciadas, en las finas y grandes boutiques y joyerías de Torre Esmeralda, donde una de las más elegantes tiendas de finas mercancías era el Palacio De Marfil, del Comodoro Yoneimas Maikolds, un apuesto caballero de tez clara, cabello y ojos castaños, cuya hermosa tienda era un gran edificio de 3 pisos, vestido con los más finos mármoles blancos extraídos de las grandes canteras de mármol del sureste del Reino De Los Castillos, además se encontraba ubicado en una de las esquinas más concurridas del distrito comercial, en la avenida principal, junto al vello parque del centro de la ciudad.

De joven, Yoneimas, el padre de Yeredaya se enamoro de Mariana, una bella joven de lacio cabello negro como el azabache y tez blanca como la nieve, con unos preciosos ojos violetas; que parecían brillar como  2 amatistas, iluminado su rostro junto a su dulce sonrisa; que llenaban de calidez el corazón del joven enamorado. Pero para desgracia de este, ella era la hija de un rico terrateniente, quien al enterarse de la relación de este con su joven hija de tan solo 15 años, lo hiso echar de su propiedad, en donde vivía con sus padres y su hermano mayor, pues ellos al igual que él trabajaban para el terrateniente. Así que Yoneimas al verse incapaz de tomar la mano de su amada Mariana quien correspondía a sus sentimientos, no tuvo otra opción más que marcharse, pues el padre de esta lo despreciaba debido a su origen humilde, por lo que el joven muchacho de 17 años decidió embarcarse en uno de los mercantes del puerto, para hacer fortuna y ser digno de pedir la mano de su amada a su padre.

Después de embarcarse como marinero, con el tiempo se hiso de su propio barco y una tripulación, algunos dicen que gano el barco en una apuesta contra infame capitán pirata risa de muerto; apodo que este gano después de que uno de sus hombres que ahora dormía con los peces, intento matarlo cortándole la  garganta de oreja a oreja; pero la herida no fue lo suficientemente profunda como para matarlo, asiendo que el enfurecido y ensangrentado capitán despertara de su borrachera y tomara el cuchillo de su agresor para luego abrir a este con él desde los genitales hasta el cuello, como si destripara a un pez, y después arrastrarlo por cubierta del barco con las entrañas arrastrando fuera de su cuerpo apenas vivo y en agonía, frente a sus hombres con el pecho empapado en la sangre que salía de su cuello alzando al pobre infeliz sobre él y arrojándolo al mar, para regresar a su camarote y coser el mismo su propia herida, mientras se empinaba una botella de ron, lo que le dejo una horrible cicatriz que según sus hombres parecía la sonrisa de un muerto y que aun a pesar de su grave herida en la garganta este todavía podía hablar, pero su voz se escuchaba como el susurro de un muerto. El hecho es que el tenebroso capitán, borracho mientras jugaba a las cartas en un sucio puerto pirata, acuso al joven marino Yoneimas de hacer trampa en las cartas y le encajo un puñal en la mano derecha, a lo que este reaccionó de inmediato sacándolo con su otra mano y clavándolo con tal fuerza en el cuello del capitán risa de muerto, que le rompió la tráquea, dejándolo enmudecido de golpe, con el cuerpo clavado a la pared por el pescuezo, mientras se ahogaba con su propia sangre hasta morir con los ojos abiertos y vidriosos, sorprendiendo a todos en el lugar ante la brutal reacción del salvaje y joven marinero.

Ya más calmado y con una expresión fría en su rostro, Yoneimas miro a su alrededor encontrándose ante los sorprendidos y pasmados mal encarados y despreciables hombres de mar, mientras apretaba con fuerza su puño derecho para tratar de detener el sangrado de la herida abierta en su mano, mientras con su otra mano saco el cuchillo del cuello del capitán risa de muerto, dejando caer el cuerpo inerte y sin vida del sucio capitán pirata sobre la mesa, donde se encontraban las ganancias de juego por las que habían discutido, tomándolas sin ningún reparo, pues eran suyas por derecho, el primer oficial del barco de Risa de Muerto quiso decir o hacer algo, pues él era el siguiente al mando, pero al intentarlo y ver como Yoneimas fijaba su mirada en el, aun con la sangre fresca del capitán en su mano y con aquellos fríos ojos clavados en el cómo dos puñales, un escalofrió recorrió su espalda y se le helo la sangre, por un momento nadie hiso nada y nadie dijo nada, hasta que Yoneimas ya habiendo terminado de recoger sus ganancias de la mesa, donde yacía empapado en un charco de su propia sangre el infame y temido Capitán Risa de Muerto, se dirigió a todos en lugar y dijo lo siguiente:

-          He tomado lo que es mío por derecho y he pagado mi agravio a quien me ha ofendido, si alguien no está de acuerdo con esto, puede seguir a su capitán y darse por satisfecho.

Al escuchar esto, la sucia, despreciable y ebria tripulación de risa de muerto respondió con una escandalosa y estrepitosa risa.

-          LOL: ¡ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!… Pero si usted es ahora nuestro capitán, ¡señor!

-          ¡Conservas lo que matas y matas para conservarlo!, ¡esa es la ley del pirata y vale para todo!

Además, toda la tripulación odiaba a risa de muerto y desde hace mucho querían verlo muerto, pero ninguno había tenido el valor de intentarlo, desde lo que le paso al último que lo había hecho, por lo que lo seguían mas por terror que por respeto o admiración y digan lo que digan del maldito y sucio bastardo, ese infeliz sabia como ejercer la piratería, por eso era el terror de los mares, nunca se vio o se verá después otro malnacido capitán pirata tan aterrador que sea un azote en los mares como lo fue Risa de Muerto.

Después de aquello Yoneimas ejerció la piratería por 5 largos años, a lo largo y ancho del mar del sur, junto a la que fue la tripulación de Risa de muerto y a su hermano mayor Mordekai, quien se convertiría después en su primer oficial, quien se unió a él en el pillaje después de enterarse que su hermano era capitán de un barco pirata, tomando el lugar del anterior primer oficial después de apuñalarlo por la espalda en un oscuro callejón lleno de inmundicia, cuando este se caía de borracho, después de haber bebido toda la noche juntos en un antro de mala reputación del puerto.

Gracias a la piratería, en tan solo 3 años ya se había hecho de un nombre y de muchas riquezas, por lo que emisarios del rey encargados de la administración de los puertos y rutas de comercio marítima, le ofrecieron en nombre del rey, el cargo de corsario, lo que le permitiría tener puerto seguro en su reino, a cambio claro de la mitad de su botín, como tributo al rey por su generosidad, al permitirle puerto seguro en el reino, donde podría vender y comprar bienes de manera legitima, como cualquier otro comerciante marítimo del reino.

Como corsario, a sus 23 años; el joven Capitán Yoneimas Maikolds había amasado una gran fortuna y por sus cuantiosos depósitos de dinero al Banco de Torre Esmeralda; el banco más grande de la ciudad y uno de los más importantes del reino, fue nombrado cliente distinguido de este. Por lo que su primera acción de negocios fue comprar 3 de las tiendas más grandes del distrito comercial, las cuales hiso demoler, para construir en su lugar su palacio de marfil, la tienda más grande y lujosa de la ciudad, en donde se podían encontrar las más finas mercancías de la más exquisita belleza, traídas desde todos los rincones de las ricas tierras del Reino Del Dragón y del Reino de las Islas. Y como aun no tenía un lugar de residencia acorde a su estatus en la ciudad, decidió instalarse provisionalmente en el Hotel Torre Esmeralda, el hotel más lujoso de la ciudad, junto a su hermano mayor Mordekai, Para unos días después comprar una gran extensión de tierra en la parte más elegante de Puerto Esmeralda, en donde construiría la que sería la mansión más hermosa y lujosa de la rica ciudad portuaria, lo que lo llenaba de gran felicidad y satisfacción, pues pronto todo estaría listo para mostrarle a sus padres el fruto de su esfuerzo y compartirlo con ellos, para después ir en busca de la mujer que amaba y pedir su mano en matrimonio, sin que su padre pudiera poner excepción alguna ante su nueva y opulenta posición social. Pero su felicidad duraría poco, pues esta se vería empañada por la tragedia, al enterarse por Yohua, un viejo amigo de su infancia que ahora era un botones del hotel, de la muerte de sus padres hacia poco tiempo, por lo que estos jamás verían ni disfrutarían del fruto de su esfuerzo por alcanzar una vida mejor y convertirse en un caballero respetable, lo que lo dejo terriblemente abatido y lo hiso comenzar a llorar desconsoladamente, cayendo de rodillas frente a este en su lujosa suite, donde solo se encontraban los 3 hombres en privado, el dolor de Yoneimas por la pérdida fue tan grande que no pudo evitar tan lamentable reacción, pues este amaba demasiado a sus padres y los consideraba un pilar fundamental en su vida, ya que sin ellos el no sería el hombre que era, sin embargo la dura noticia no pareció afectarle demasiado a su hermano mayor, quien ni siquiera se inmuto por la trágica noticia, ni derramo una sola lagrima por la perdida. Ese mismo día, Yohua llevo a los hermanos al cementerio a donde se encontraban las tumbas de sus padres, en donde les conto las trágicas circunstancias de la muerte de sus padres, comenzando por su madre: quien había caído gravemente enferma por una severa afección cardiaca hace ya casi un año y que murió pocos días después de haber caído en cama, llamando a sus amados hijos para verlos por última vez, presintiendo su muerte, contándoles también les que su padre; el señor Maikolds le había dicho poco antes, que su esposa había padecido de dicha afección toda su vida, pero que lo había ocultado de sus hijos para que estos no se preocuparan por ella y siguieran adelante con sus vidas, sobre todo por Yoneimas, ya que si él hubiese sabido de la enfermedad de su madre, este jamás hubiese dejado su hogar para luchar por sus sueños y perdería la oportunidad de hacer su vida junto a la mujer que amaba, teniendo que resignarse a quedarse junto a su hermano mayor para ser uno peones mas de déspota terrateniente August Bershmarth, perdiendo la oportunidad de ser feliz junto a la señorita Mariana, la hija del terrateniente, a quien ella sabia él había amado desde siempre y cuyo amor era igualmente correspondido. Y bueno su padre había muerto unos días atrás, poco después que su esposa; la madre de Mordekai y Yoneimas: mientras él y otros peones buscaban unos caballos que se habían perdido en el bosque al llevarlos a la hacienda Bershmarth, separándose de estos para cubrir más terreno y encontrándose después con unos ladrones en un claro del bosque que ya habían reclamado a los purasangres como suyos, quienes le dispararon a este en el pecho aparentemente sin mediar palabra alguna, matándolo casi instantáneamente y huyendo luego con los caballos, dejándolo tendido hay como si nada.

Después de dejar flores en las tumbas de sus padres y apenas repuesto del duro golpe, el joven señor Maikolds se dispuso a ir por su amada Mariana, por quien había hecho todo lo que había hecho, para obtener riqueza y posición para ganar la gracia de su padre y que este le concediera la mano de su hija, la única mujer que amaba. Pero este se negó, diciendo que él no era más que un rufián, un sucio criminal, un vil corsario que debía colgar del cuello hasta morir, para luego ser arrojado a una fosa común junto los de su calaña. Pero su hija cansada de las negativas de su padre, negándole la felicidad junto a su verdadero y único amor, fue corriendo a los brazos de Yoneimas y mirando a su padre con lágrimas en los ojos, le dijo:

-          ¡Me iré con el padre!, ¡con o sin tu consentimiento!, pues él es el hombre que amo y nunca encontrare la verdadera felicidad si no estoy a su lado.

Entonces  la conversación se torno mas acalorada entre padre e hija, pues ninguno de los 2 quería ceder en su poción y en su decisión, así de fuertes eran sus convicciones y determinación, claramente eran padre e hija.

Sr. Bershmarth: - ¡Pero qué dices insensata!, no ves que ese hombre no es más que un bandido y el hijo de una cocinera y un peón, el no está a nuestro nivel y nunca lo estará.

Mariana: - No me importa lo que tú pienses de él padre, tú no lo conoces como yo.

-          Yo que lo amo he visto su corazón gentil y lleno de cálidos y puros sentimientos, tu eres incapaz de verlo por tus pre-juiciosas convicciones.

-          Además yo lo amo y el a mí, que acaso mi felicidad no es más importante para ti, que su origen humilde.

Sr. Bershmarth: - ¡Márchate entonces!, si eso es lo que quieres, vete de esta casa y no vuelvas jamás, porque si te vas con él, dejaras de ser mi hija (Dijo con voz severa el disgustado e indignado terrateniente, mientras veía desprecio a los enamorados).

Mariana: - ¡Pero padre! (Exclamo la joven enamorada con lágrimas en los ojos, sin poder creer que el padre amoroso que ella tanto quería y respetaba, ahora la repudiase y la apartase tan duramente de su lado).

Sr. Bershmarth; - ¡Ya no soy tu padre!, así que lárguense de mi propiedad antes de que los haga echar.

Terminada la acalorada discusión en tan malos términos, Yoneimas rodeo a la afligida Mariana con su brazo izquierdo, tratando de consolarla mientras ambos salían de la hacienda, tal y como el Sr. Terrateniente tan duramente se los había dicho. Ese mismo día Yoneimas fue con su amada Mariana al puerto a ver a su amigo el viejo Comodoro Rout, del mercante real; El Opulencia, quien era un viejo lobo de mar que en su juventud fue capitán de la marina real y al que conoció cuando este abandono la hacienda del terrateniente para hacerse marino, asiéndose después buenos amigos al convertirse en corsario del reino, por lo que le pidió a este que los casara, para poder vivir de forma decente con su amada, petición que el Comodoro acepto con gran gusto y emoción, al ver a la joven pareja de enamorados, pues ya que la joven señorita había abandonado su hogar sin el consentimiento de su padre para huir con su amado sin estar casados, debían casarse lo antes posible para evitar que la honra de la joven fuera puesta en tela de juicio, ya que una mujer que vivía en concubinato jamás seria vista como mujer decente dentro de la sociedad. Por lo que ese mismo día Yoneimas se encargo de arreglar todo para casarse esa noche en uno de los barcos mercantes que recientemente había adquirido y que era capitaneado por el Comodoro Sebastian Rout, decorando bellamente la gran embarcación para que estuviera apropiadamente arreglada para la apresurada boda, usando para ello una gran cantidad de listones de la más fina seda del Reino del Dragón, las mesas cubiertas con hermosas telas bordadas en hilos dorados y llenando cada rincón del barco con el fragante y delicado aroma de las flores de todas las florerías de la ciudad, dejando estas vacías después de comprar todas y cada una de las flores de estas, también hiso cerrar el restaurante más lujoso de la ciudad por un día entero, ofreciéndole a su propietario una exorbitante suma de dinero, para contratar los servicios de todo su personal, encargándoles a estos toda la comida y bebida de la boda, así como de atender a sus invitados, asiendo lo mismo con la mejor pastelería en la ciudad, contratando a su Maestro Chef Repostero y a su equipo para hacer el pastel de bodas más hermoso, grande y exquisito que jamás hubieran hecho, pagando por el su peso en oro.

Teniendo todo increíblemente listo para la hora de la boda, Mariana apareció en la cubierta del barco llevando un esplendido vestido de blanca seda virgen, bordado y adornado con delicados diseños florales hechos con finos hilos de oro, por lo que era de un sofisticado estilo extranjero, el mismo usado por las princesas del Reino del Dragón al casarse, el cual combinaba perfectamente con sus joyas, un magnifico juego completo de joyas; de collar, brazaletes y aretes de oro macizo incrustados de diamantes que formaron una vez parte del sorprendente tesoro oculto del infame Capitán Risa de Muerto, que parecía haber sido hecho para una princesa del Reino de los Castillos, como regalo de bodas, según la inscripción del precioso estuche en donde se encontraba, por lo que en el momento en las vio sabía que debían ser para su amada Mariana, quien en verdad se veía especialmente hermosa el día de su boda, como la princesa de un cuento de hadas, sus argollas de compromiso, eran dos preciosas sortijas de oro incrustadas delicadamente con pequeñas esmeraldas Ming (uno de los principados más importantes del Reino del Dragón, conocido por sus ricas minas de oro y esmeraldas, así como por sus grandes maestros artesanos y esplendidas piezas de fina joyería). El padrino de bodas fue por supuesto Mordekai, el hermano mayor de Yoneimas; su única familia, y sus testigos de boda fueron el señor Klark Payonier y su esposa la condesa Franhiesca Fraihe de Payonier, con quienes había hecho tratos de negocios en la ciudad, incluyendo la compra de barco en que se oficio la boda y aunque los invitados fueron pocos y la ceremonia civil fue sencillamente oficiada bajo la autoridad marítima del buen comodoro Sebastian Rout, el lujo y la elegancia en el lugar era digno de cualquier miembro de la alta sociedad, como lo eran quienes asistieron al romántico evento, siendo estos solo algunos conocidos de negocios de Yoneimas, como el presidente del banco y otros importantes miembros del gremio de comerciantes y altos oficiales marítimos a cargo del puerto y los capitanes mercantes de sus barcos junto a sus esposas,  así como también por supuesto, su buen amigo Yohua y su esposa, quienes eran viejos amigos suyos y de su familia desde hacía muchos años.


Poco tiempo después de la hermosa boda, la bella Mariana quedo embarazada, dando a luz después a un saludable bebe barón a principios de la primavera, al cual dieron el nombre de: Yeredaya, en honor a su abuelo paterno. La recién formada nueva familia Maikolds llevaba una vida tranquila y llena de felicidad, pues el joven matrimonio había visto nacer el fruto de su amor, el cual llenaba todos los rincones de la hermosa mansión Maikolds con su alegría. Solo la terquedad del padre de Mariana y la negativa de este en aceptar la unión de los dos enamorados, ensombrecía la felicidad del joven matrimonio, principalmente por la tristeza que esto le ocasionaba a Mariana, quien a pesar de todo, aun sentía un gran cariño por su padre, haciéndola en ocasiones romper en llanto al pensar o hablar sobre él y su actitud hacia ella y hacia su felicidad con el hombre que amaba y al fruto de su amor con él, su hijo Yeredaya, que también era su familia al ser su único nieto, por lo que el único consuelo que tenia era refugiarse en los brazos de su amado Yoneimas y la sonrisa de su hijo, su nueva familia y la felicidad por la que ahora enfrentaba el rechazo de su obstinado padre, al que ella amaba tanto y que ahora la trataba como a una extraña, cuya sola presencia y la de su único nieto rechazaba tan severamente, a pesar de los intentos de Mariana por acercarse a él y ablandar su duro corazón, pero este se negaba rotundamente a recibirla en su casa, dando incluso la orden a sus sirvientes de que no le permitieran la entrada a sus tierras a ella o a su indigna familia, pero aun a pesar de todo eso ella no perdía la esperanza de verlo recapacitar sobre su posición, siempre tomándose la molestia lo invitarlo cordialmente durante las festividades a ver a su pequeño nieto, solo para que este la rechazara una y otra vez, apartando así de su vida a su única hija y a su nieto de su lado.

Hasta que el tiempo llevo a cavo su juicio, cuando el pequeño Yeredaya tenía tan solo 3 años y su abuelo murió después de caer gravemente enfermo, pero ni la enfermedad, ni la cercanía de la muerte, lograron ablandar su duro corazón, para que este perdonase a su hija por haberle desobedecido y haberse ido de su casa para estar al lado de su amado, un hombre al que el  desaprobaba completamente, tanto así que des pues de su muerte se supo que incluso había cambiado su testamento, para dejarle todo cuanto poseía a un sobrino lejano, a quien había visto en muy pocas ocasiones y era el hijo menor de su hermano mayor, un hombre de su mismo carácter y convicciones, cuyo hijo era incluso más altivo y déspota que él, que se jactaba de haberse graduado como el mejor de su clase en la Real Academia De Finanzas de reino, además ejercer  un cargo importante en la cámara de comercio de la ciudad de Aironjill, como Recaudador Real de impuestos, razón por la que su tío lo tenía en muy alta estima, tanto así que incluso lo había considerado como el mejor partido para desposar a su hija, pues los matrimonios entre parientes lejanos y primos eran muy comunes tanto en la nobleza, como en las familias acaudaladas para mantener tanto la estirpe, como las riquezas dentro de la familia.

El primo de Mariana tampoco consideraba a esta como parte de su ilustre familia, pues al igual que su tío pensaba que esta había deshonrado el apellido de su familia al casarse con un cualquiera, cuyas riquezas eren consideradas de dudosa procedencia, por lo que sin importar cuánto dinero tuviese, seguía siendo el hijo de una pobre familia de clase baja, sin ningún tipo de linaje, pues además era un hecho conocido, al haber rehecho su nueva vida en su ciudad natal, que este había amasado su gran fortuna del pillaje como pirata y corsario. Aunque esto no parecía incomodar al propietario del banco de la ciudad, quien tenía al Sr. Maikolds en muy alta estima, por las inmensas sumas de dinero que este bien había depositado en su institución, incrementando también su fortuna, por lo que de igual forma este también gozaba de un gran respeto por parte de los miembros de la cámara de comercio de la ciudad, al poseer una gran cantidad de concesiones de comercio extranjeras, gracias a sus muchos viajes a tierras lejanas, en donde entablo tratos de negocios con muchos comerciantes en los puertos extranjeros, ejerciendo además una importante función como intermediario entre los comerciantes del Reino Nevado y los reinos del Dragón y de las Islas, en donde era muy valorado y respetado por astucia y trato justo en los negocios, llegando incluso a realizar algunos trabajos de relaciones comerciales para establecer nuevas líneas de trafico mercantes con el Reino De Los Castillos en donde no ejerció las practicas de la piratería, ni del contrabando, obteniendo muchos bienes de gran valor del Reino de los Castillos, que eran altamente cotizados en el Reino Nevado, lo que hiso crecer enormemente la actividad comercial del puerto de Torre Esmeralda, en donde además de proveer de gran variedad y cantidad de mercancías a los comerciantes del Puerto, también surtía a su tienda; el palacio de marfil con las mercancías más finas y esplendidas.

Por otro lado el sobrino del fallecido terrateniente, no tenía ninguna intención de establecerse en Torre Esmeralda para vivir en el campo como un potentado terrateniente y criador de caballos pura sangre, pues este estaba claramente mas habituado a la sofisticada vida de ciudad y al trabajo de oficina que a la vida del campo y al trabajo con animales, por lo que aunque estaba muy interesado en la cuantiosa herencia de su tío, no tenía ningún interés en continuar el legado de este, sin importar la belleza de la imponente hacienda o la finesa y prestigio de los purasangre de los establos Bershmarth, así que desde un principio ya había decidió vender la hacienda con todas  las tierras y los caballos de su tío, para tomar el dinero de la venta y abrir su propio banco en Aironjill, que con sus conexiones pronto seria uno de los más importantes. Por suerte para él, el propietario de la hacienda vecina, quien era un amigo de muchos años de su tío y su principal rival en el negocio de los pura sangre, le ofreció una buena suma de dinero por parte de las tierras que colindaban con las suyas para expandir su hacienda y hacer de ella la más grande de la región, así como también un trato razonable por todos los caballos pura sangre y todo el forraje de los graneros, con lo cual el joven empresario se hiso de una muy importante suma de dinero, por lo que solo le restaba vender la opulenta hacienda junto a todos los demás vienes en ella, ya que el resto de los caballos, los que no eran purasangre, los vendió a uno de los pequeños establos cercanos para cubrís sus gastos y liquidar la nomina de empleados de la hacienda, solo conservando de los valores de su tío, las joyas de su esposa, la madre de Mariana y algunos de los finos objetos personales de su tío, vendiendo todo lo demás a tiendas de antigüedades y casas de empeño de la ciudad, dejando solo en la hacienda algunos muebles finos que vendería después junto a la hacienda para obtener un buen precio por ella, vendiéndola tan solo unos pocos días después por un muy buen precio a un viejo mercader extranjero, quien había vendido sus barcos mercantes para establecerse en el campo y llevar una vida más tranquila junto a su joven esposa y su joven hijo. Partiendo prácticamente después de haber cerrado un generoso trato con el viejo mercader, para volver a la ciudad de Aironjill como un hombre muy rico y vivir cómodamente como un importante y respetado banquero, gracias a la herencia de su tío.

El viejo mercader extranjero cuyo nombre era Fuji Sakura era un gran amante de los caballos finos, pues durante su infancia y adolescencia, cuando este vivió junto a sus padres en una pequeña hacienda de caballos, en el Reino Del Dragón, que era propiedad de su padre y que este había perdido por deudas con el banco, después de una dura sequia de 4 años, razón por la cual este se hiso a la mar como marino y así ganar algo de dinero para mantenerse a él y sus padres, para quienes era difícil comenzar de nuevo y ganarse la vida a su edad, teniendo ahora después de tantos años, y después de la muerte de sus padres, la oportunidad de poder vivir de nuevo aquella vida junto a su familia, que tanto disfruto junto a sus padres durante aquel tiempo y que esta vez junto a su hijo se encargarían de hacer que durara para siempre, generación tras generación, prosperando en aquella hacienda que ahora era suya y que algún día seria el legado de su familia, por lo que cuando el señor Sakura conoció a Yoneimas, inmediatamente estableció con él una muy buena relación de negocios, comprándole una gran cantidad de purasangres Nippones, los caballos más hermosos y rápidos del Reino Del  Dragón, recordando después que ya que él y el Sr. Yoneimas se habían conoció brevemente, tiempo atrás cuando este comerciaba personalmente con mercaderes en los puertos del Reino Del Dragón.

Poco después como era su costumbre desde niña, la Sra. Mariana fue como cada domingo después de la iglesia, al cementerio a visitar la tumba de su madre y llevarle un ramo de azucenas, que eran las flores favoritas de ella y de su madre, pues cuando su difunto padre aun vivía, él y ella siempre iban juntos a llevarle flores frescas y limpiar su tumba, habito que seguía manteniendo a pesar de la dura ruptura en la relación con su padre, a quien aun quería mucho a pesar de lo duro que este había sido con ella, por lo que cada domingo ahora sin él, ella iba junto a Yoneimas y el pequeño Yeredaya, para que este visitara las tumbas de sus abuelos a quienes no tuvo la oportunidad de conocer cuando aún vivían, al igual que a sus abuelos paternos, mientras llena de nostalgia, ella siempre le contaba a su pequeño sobre lo hermosa y elegante que era su abuela, quien además tenía un carácter muy dulce y que según decía su padre, el viejo y testarudo terrateniente, ella era su vivo retrato, por lo que después de despedirse de su padre sin amargura en su corazón, con los bellos recuerdos que compartieron juntos cuando ella era más joven y aun eran familia, dejando pasar el tiempo y disfrutando la nueva felicidad que ahora vivía junto a su familia, como la Sra. De Maikolds, mientras los días pasaban volando y el joven Capitán Yoneimas, se convirtió en el rico y prospero Comodoro Maikolds, que junto a la cada vez más radiante Marina, parecían estar cada día más felices y enamorados el uno del otro, amor con el que colmaban la vida de su pequeño hijo, quien había crecido fuerte y saludable, para volverse cada vez  tan apuesto como su padre, pero con el carácter gentil de su madre y el porte imponente y distinguido de su abuelo paterno, de quien también heredo los mismos ojos color violeta que este tenía, al igual que su madre.

Pero esta felicidad no duraría para siempre, pues un día la tragedia toco a la puerta de la familia Maikolds, era un oficial de la marina real, quien le había ido a darle a la señora mariana la terrible noticia de la muerte de su amado esposo Yoneimas, quien había partido pocos días atrás en uno de sus barcos, para encargarse de unos asuntos negocios en los puertos comerciales del Reino Del Dragón, sin saber que en su viaje encontraría la muerte a manos de una banda de piratas, que tomo por asalto su barco mercante en medio del Mar del Dragón, masacrando a toda la tripulación y a los pasajeros, para tomar la valiosa carga del barco del mismo y dejando en los restos en humeantes del gran mercante, para después ser tragado por el mar junto al agonizante Comodoro Maikolds, quien con su cuerpo clavado al mástil del barco con la espada de uno de los salvajes piratas atravesándolo, grito con su último aliento el nombre de su amada Mariana, mientras pensaba en ella y en su hijo, sabiendo que jamás volvería a verlos, al morir, al igual que tantos otros a los que él y sus hombres en sus días de pirata mataron de igual forma, pagando así el más alto precio por sus pecados con su propia vida. Por lo que el capitán de la Marina Real Nevada le informo que debido a las circunstancias de la muerte de su esposo, les era imposible entregarle su cuerpo o sus efectos personales, pues tanto el Comodoro Yoneimas Maikolds cómo los restos de El Marianide, el barco mercante de su esposo, ahora yacían en el fondo del mar, dejando como único testimonio de lo sucedido el relato de dos pobres marineros sobrevivientes del brutal ataque pirata, uno de ellos mutilado al perder un brazo y que por pura suerte fueron rescatados después de flotar a la deriva en un dañado bote salvavidas por un barco naval del Reino del Dragón que seguía la pista de los piratas, que recientemente se habían convertido en un azote para las nuevas rutas de comercio marítimo, entonces habiendo terminado su penosa tarea, el capitán de la marina real se dispuso a retirarse despidiéndose de la Sra. Mariana, quien se encontraba en shock por la noticia, negándose a sí misma a creer lo que estaba escuchando, pero aun así no pudo resistirlo y reacciono repentinamente cayendo en cuenta de la muerte de su amado Yoneimas a quien jamás volvería a ver, estallando en llanto, desconsolada, mientras gritaba con lágrimas en los ojos el nombre de su esposo, tratando de desmentir a la muerte, para verlo aparecer frente a ella y que le dijera que todo era una mentira, que nada era cierto, que el aun estaba vivo y que jamás se apartaría de su lado:

-          ¡No, es imposible, no puede ser verdad, mi amado Yoneimas, dime la verdad, que no puedes estar muerto, que tu jamás me dejarías así!

-          ¡No!, ¡Nooo!, ¡Nooooo! (Grito desconsoladamente, con los ojos llenos de lágrimas, hasta enmudecer).

Después de eso y sin ser capaz de consolarla, el capitán de la marina real se retiro despidiéndose de la Sra. Mariana, quien aun se encontraba algo alterada, pero un poco más calmada, para dejarla sola con su pena, sentada en la sala de estar, donde al agotar sus fuerzas por el llanto, decidió subir a su habitación para recuperase un poco y que su hijo Yeredaya no la encontrara en tan lamentable estado cuando regresara de la escuela, para así poder hablarle al encontrarse más calmada sobre lo sucedido con su padre, antes de que este se enterara por otras personas, pues su padre era muy importante y respetado en la ciudad por lo que la noticia no tardaría en saberse por todos en ella. Por lo que esa misma tarde cuando su pequeño regreso de la escuela, su madre lo recibió en su habitación, para hablar con mayor intimidad sobre su perdida, por lo que al escuchar sobre la muerte de su padre de los temblorosos labios de su afligida madre, mientras esta trataba de ser fuerte, para no afectar demasiado a su hijo con la noticia, el pequeño Yeredaya que la había escuchado con toda atención a su querida madre,  mientras trataba de entender en su mente inocente la abrupta perdida de su padre, este se esforzó en contener sus lagrimas para ser fuerte por su madre, pues a pesar de su corta edad Yeredaya era un jovencito muy serio y de carácter fuerte como su difunto abuelo paterno, pero al pequeño de tan solo 7 años le fue imposible contener totalmente su dolor y sus lagrimas, pues la tristeza por la muerte de su querido padre, a quien este quería y admiraba tanto, fue un golpe demasiado duro para él, siendo aun tan pequeño por lo que para poder soportar la gran tristeza que llenaba su corazón, abrazo a su madre con todas sus fuerzas, para consolarla sabiendo que ella también sufría tanto como él la terrible perdida, dándose así mutuamente el valor para sopesar su dolor. Un niño de verdad admirable, digno de ser el nieto del férreo terrateniente Bershmarth. Así que en vista de la situación y como Mariana estaba aun conmocionada por la noticia de la muerte de Yoneimas, el hermano mayor de este; Mordekai, se encargo de todo lo concerniente a los actos fúnebres, para lo que cerró las puertas del Palacio De Marfil, la tienda de su hermano de la cual este era el administrador, por el luto,  permaneciendo cerrada mientras se llevasen a cabo los actos fúnebres de su hermano, como era la costumbre en esos casos. Para después de sepultar a Yoneimas, Mordekai puesto a disposición de su cuñada Mariana, prometió velar por ella y por su sobrino Yeredaya, así como por el mejor de sus intereses, asiéndose cargo de ayudarla a manejar los negocios de su difunto hermano hasta que Yeredaya tuviese la edad suficiente para tomar las riendas de los negocios. Pero claro lo que mariana no sabía, era que su cuñado el señor Mordekai Maikolds, a diferencia de su hermano Yoneimas, era un hombre siniestro, que cuando fue el primer oficial del barco pirata de su hermano, era y siempre había sido un hombre codicioso y cruel que disfrutaba en causar dolor y sufrimiento a otros. Y que además era conocido por ser un asesino sin escrúpulos, que prefería matar a sus enemigos por la espalda o torturarlos hasta morir,  lo que le gano el apodo de: “Mordekai el Sádico”, que además de todo eso tenía el depravado fetiche abusar de mujeres muy jóvenes, en algunos casos incluso niñas, por lo que también era conocido como: “El Violador de Vírgenes”, razón por la que este tenía frecuentes disputas con su hermano menor Yoneimas, quien reprobaba completamente la conducta retorcida de su hermano, a quien era incapaz de controlar ya que este tenía la tendencia de emborracharse la mayor parte del tiempo, por lo que era prácticamente imposible hacerlo entrar en razón, pero aun así, sin importar las diferencias entre ellos, Yoneimas tuvo que aceptar la conducta despreciable de Mordekai ya que este era su hermano mayor y además en aquel momento, entre su hermano y su tripulación, solo podía confiar en Mordekai, y claro, Yoneimas también albergaba la esperanza de que al abandonar la vida de la piratería, su hermano se volvería un hombre de bien como su padre, a quien Mordekai que era un hombre alto y fornido de piel clara, cabello y ojos cafés, se parecía mucho físicamente cuando este era joven, cosa que después pareció ser aparentemente cierta , pues después de convertirse en acaudalados comerciantes legítimos, este comenzó a comportarse como un respetado caballero de sociedad, en gran medida gracias a su hermano Yoneimas, quien lo nombro como administrador de su tienda, el palacio de marfil, asentando cabeza poco después al desposar a una hermosa jovencita; hija de un respetable comerciante de telas, con problemas económicos, pero conocido por ser un hombre honesto.

Pero lo que Yoneimas nunca supo fue que su hermano gano a su joven esposa de tan solo 14 años, en las mesas de apuestas, al padre de esta, quien tenía el mal habito de apostar grandes sumas de dinero y que una noche mientras jugaba a las cartas con Mordekai, sin saber que este era un habido jugador, quien había aprendido los fraudulentos métodos de juego de los piratas y demás pillos de los muelles, perdió los títulos de propiedad de su tienda y su casa con Mordekai, quien había ganado la partida con trampas, dejando al desesperado hombre en la difícil situación de haber perdido todo cuanto poseía, por lo que ahora este se hallaba completamente en las manos de Mordekai, quien le ofreció devolverle los títulos de propiedad, que eran todo el patrimonio de su familia: su bella esposa y sus 2 jóvenes hijas, a cambio de un supuesto trato justo, en donde ambos saldrían beneficiados. Entonces, mientras encendía un puro con una siniestra sonrisa de satisfacción en su rostro, Mordekai dijo en tono calmo, mientras miraba fijamente al desesperado hombre, como un chacal observando a su presa:

-          Está bien, si de verdad esa tienda significa tanto para ti, entonces te la devolveré a cambio de tu bella esposa y tus dos lindas hijas.

-          Pero no te preocupes te las devolveré después de que haya terminado con ellas.

-          Y claro, para que no haya desavenencias entre nosotros y todo quede en familia, también quiero la mano de tu pequeña hija menor en matrimonio, después de todo esa pequeña dulzura ya está entrando en edad.

Al escuchar esto el comerciante de telas enmudecido ante la atroz propuesta, del perverso señor Mordekai, tomo un fuerte trago de licor para celebrar su trampa y esperar la respuesta del abatido comerciante de telas, quien aun no podía creer las palabras de aquel hombre, sabiendo que se encontraba en sus manos, pero al verse atrapado por este no tuvo otra opción en su mente más que aceptar el despreciable trato del siniestro caballero, a lo que Mordekai sonrió con satisfacción, diciendo lo siguiente:

-          En unos días te are llegar una invitación, invitarlos a mi cabaña de caza en el bosque, en ella estará indicado como llegar, después de que hayas dejado allí a tu esposa y a tus hijas, entonces tú te retiraras para dejarnos a solas y cobrarme tu deuda, después de que haya terminado con ellas, las enviare de vuelta en mi carruaje a su casa.

-          Pero si me traicionas y no cumples con tu parte del trato, te matare y tomare lo que es mío por la fuerza si es necesario y tu esposa y tus hijas terminaran en las calles vendiendo sus cuerpos por unas monedas para comer.

-          Y si todo sale a mi satisfacción, me daré por bien servido y te regresare los títulos de propiedad después de desposar a tu hija menor.

-          Ahora lárgate de mi vista antes de que cambie de parecer.

Pocos días después de perderlo todo en el juego, el comerciante recibió la carta de un supuesto socio de negocios, quien no era otro que le Sr. Mordekai, por supuesto, invitándolos a él y a su familia a cenar en su cabaña de caza en el bosque.

Así llegado el día de la supuesta invitación, el comerciante de telas llevo a su esposa y a sus hijas a la cabaña del despreciable Sr. Mordekai, tal y como este se lo había indicado. El comerciante se mantuvo muy callado y en actitud nerviosa durante todo el camino, pues no tuvo el valor de contarle a su esposa y mucho menos a sus jóvenes hijas, el verdadero propósito de su viaje a la cabaña de campo del señor Mordekai Maikolds, pero su esposa e hijas no le dieron mayor importancia a esto pues, después de todo era normal que estuviese nervioso ante la invitación de alguien tan importante, además por lo poco que este les había dicho, el Sr. Mordekai era uno de los hombres más ricos y poderosos de la ciudad y el apellido Maikolds era uno de los más prestigiosos en Torre Esmeralda, por lo que su devota esposa lo tomo del brazo y sonriéndole afectuosamente le dijo:

-          No te preocupes querido, todo saldrá bien.

Sin saber que lo que las esperaba en aquel lugar a ella y sus hijas, en las manos de su anfitrión, a quien pronto conocerían para dejar una profunda y dolorosa marca en sus vidas para siempre.

Al llegar a la hermosa cabaña de caza, la esposa del comerciante de telas y sus jóvenes hijas quedaron muy impresionadas por el gran tamaño y belleza de esta, para luego ser recibidos cordialmente por la Srta. Bayonett; la asistente y mano derecha del  Sr. Mordekai, quien se hallaba sentado junto a la chimenea en un bello y cómodo sillón tapizado con una hermosa tela verde oscura con delicados detalles dorados, fumando un puro mientras sostenía una copa de brandi en su mano derecha, la cual dejo sobre la mesa junto a él, al levantarse para recibir a sus bellas invitadas, a quienes se presentaron ante él con gran emoción al conocerlo y de quien pensaron por solo verlo que claramente era un gran caballero, aun impresionadas por verlo poseer una propiedad tan magnífica en un lugar tan bello, en medio de la majestuosa naturaleza del Bosque Nevado.

Sr. Mordekai: - Buenas noches Sr. Marsel, Sra. Marsel, señoritas, me complace mucho que usted y su adorable familia hayan aceptado mi invitación a mi humilde casa de campo, que también es mi cabaña de caza.

-          Después de todo no hay emoción más gratificante para un hombre, que tener al fin a la preciada presa en sus manos, para sentirse satisfecho.

El nervioso comerciante en actitud sumisa, prosiguió y respondió al cordial e intimidante saludo con doble sentido del Sr. Mordekai, ya sin poder echarse para atrás después de haber llegado allí, al estar de pie frente a aquel hombre, por quien se sentía tan intimidado.

-          Buenas tardes Sr. Maikolds, permítame presentarle a mi familia como es debido; ellas son mi esposa Adelaida y  mis hijas: Pabloba y Erika.

A lo que la esposa del Sr. Marsel seguidamente respondió cortésmente, ignorante de lo que realmente sucedería con gran placer ante  el elegante caballero.

-          Es un placer para mí y mis hijas poder conocerle Sr. Maikolds y gracias por su amable invitación, tiene usted una casa de campo en verdad esplendida.

Sr. Mordekai: - Muchas gracias, y al contrario mi querida señora, el placer será todo mío durante nuestra agradable velada (dijo complacido, sonriendo con encanto sínico, mientras sostenía la delicada mano de la hermosa señora Adelaida).
Luego en actitud prepotente, mientras aun sostenía la mano de la esposa del Sr. Marsel, le dijo a este despóticamente apenas mirándolo, asiéndolo saber que su presencia ya no era necesaria.

Sr. Mordekai: - Sr. Marsel, retírese ahora, para que yo pueda tomar el pago por su deuda, si es que aun desea de vuelta sus títulos de propiedad.

Sra. Adelaida: - Deuda, ¿pero a que deuda se refiere el Sr. Maikolds querido?, y ¿qué pago debes darle?

Pregunto esta, sorprendida y temerosa de la respuesta de su esposo, temiendo lo peor, en aquella extraña situación, pero su esposo cobarde mente, solo pudo bajar la cabeza sin pronunciar palabra alguna y siendo incapaz de mirarla a la cara, mientras era carcomido por la culpa y la vergüenza de sus débiles y cobardes actos. Por lo que al ver esto Mordekai complacido por las circunstancias tomo la palabra, para dejar en claro la situación en la que se encontraban y seguir con sus planes.

Sr. Mordekai: - Mi querida señora, creo que usted ya conoce la respuesta a sus preguntas, o a estas alturas ya debería estar más que claro, así que por favor déjese de tonterías y desnúdese.

-          Y dígale a sus hijas que se desnuden también, para que paguen la deuda de su querido esposo tuvo la gentileza de dejar en mis generosas manos, si es que quieren recuperar los títulos de propiedad de su casa y su tienda, que según sé, comprenden todo su patrimonio.

-          A menos que prefieran hacerlo en la calle por unas monedas para comer, con caballeros menos refinados, claro (concluyo en tono arrogante y jactancioso, mientras disfrutaba complacido de toda la situación).

Sr. Adelaida: - ¿Cómo puedes hacernos esto a nuestras pequeñas y a mí?, ¿qué clase de hombre eres?

Dijo gritándole a su esposo con lágrimas en los ojos, mientras veía con tristeza y rabia a este, que era el hombre quien le había dado su amor para formar una familia, familia que ahora entregaba como si nada, a aquel hombre. Entonces, el Sr. Marsel rompiendo abruptamente su silencio, respondió enérgicamente, en voz fuerte y clara, mirando a su esposa fijamente, dejando atrás aquella actitud sumisa y de culpa, como si ya no sintiera remordimiento por la atrocidad que cometía en contra de ellas, y dijo:

-          Haz lo que te ha dicho el Sr. Maikolds, tu y las niñas deben complacerlo en todos sus deseos.

-          No te atrevas a desafiar mi autoridad, pues yo soy tu marido y la cabeza de esta familia y tu y mis hijas me deben obediencia.

-          He hecho un trato con el Sr. Maikolds y he de cumplirlo, pues el ya ha él cumplido con su parte, y yo debo cumplir con mi palabra y entregarle lo que hemos convenido.

Adelaida totalmente consternada y horrorizada por las palabras de su esposo y su actitud hacia ella y sus hijas, insistió nuevamente demandando explicaciones ante aquella espantosa y morbosa situación, que no parecía ser real, que no podía estar sucediendo, pues como era posible que su esposo, el padre de sus hijas, las obligara a someterse a una situación tan indignante y denigrante de esa manera, dejándolas a merced de aquel hombre.

Sra. Adelaida: - ¿pero qué dices?, ¿qué estás diciendo?, ¿qué pasa contigo?, ¿cómo puedes hacernos esto?...

Preguntas que el Sr. Marsel ya no quería seguir tolerando, por lo que le respondió abruptamente a su esposa, dándole una fuerte bofetada en el rostro, silenciando así de golpe a esta, para no tener que seguir escuchando sus palabras, palabras que lo obligaban a enfrentar la culpa de sus actos, una culpa que lo carcomía por dentro, pero era demasiado cobarde para enfrentar por si mismo sus deplorables acciones y mas por el miedo que sentía a las represalias de su poderoso e influyente acreedor, quien no dejaría su deuda sin saldar de una forma u otra hasta darse por satisfecho. Así que continúo con lo que había acordado, para dar por satisfecho al Sr. Mordekai, acallando las boses de su conciencia, para dar lugar a la atrocidad.

Sr. Marsel: - Ya es suficiente, déjate ya de tonterías, y haz lo que se te ha dicho, no hagas que esto sea más difícil de lo que ya es.

Dijo apenas mirando a su esposa, después mirando brevemente a sus atemorizadas hijas, antes de voltear y darles la espalda para abandonarlas a su suerte en las manos del depravado caballero; el Sr. Mordekai, sin pestañar siquiera, ante lo inevitable, lavándose las manos de todo, dejando la carga de sus errores a su familia; su esposa y sus hijas, de quienes se despidió dándoles la espalda, de pie junto a Adelaida, sin ser capaz de mirarlas siquiera, por lo que les estaba haciendo.

Sr. Marsel: - Y ustedes niñas tontas dejen ya de llorar, y obedezcan al Sr. Maikolds en todo lo que este les ordene hacer, así todo será más fácil, resistirse es inútil.

-          Sean unas buenas niñas y todo acabara pronto.

Pabloba: - Si, Padre, pero por favor, no lastimes a Mama.

Respondió su joven hija mayor, tratando de contener sus lágrimas, mientras intentaba cubrir con sus brazos a su hermana menor, sosteniendo a esta contra su pecho, en un intento por protegerla de lo que estaba pasando, aun cuando no savia siquiera si sería siquiera capaz de protegerse a sí misma, pues su padre las había abandonado en las manos de aquel hombre y su joven inocencia le impedían saber lo que este sería capaz de hacerles. Por lo que con las duras y últimas palabras de su padre en su mente, quien se marcho poco después de escucharla, al salir sin agregar nada mas, dejándolas solas en aquel lugar, subiendo al mismo carruaje que el Sr. Mordekai envió por ellos, partiendo solo de regreso a la ciudad, dejando a su esposa e hijas a merced de los depravados deseos de aquel  hombre. Regresando no a su casa sino a su tienda para no despertar sospechas en los sirvientes de la casa por haber regresado solo dejando a su esposa y a sus hijas. Quienes se encontraban ahora solas con Mordekai, por lo que las jóvenes señoritas Marsel se abrasaron fuertemente, estrechando sus temerosos y delicados cuerpos, invadidas por el miedo a lo que les sucedería, con los ojos llenos de lágrimas al verse envueltas ante aquella difícil y aterradora situación, en las que las había dejado su padre, siendo ellas tan solo unas pobres jovencitas inocentes, incapaces de comprender tal situación.

Por lo que ahora, al haberse quedado a solas con ellas en sus manos, el depravado caballero decidió comenzar con su morboso juego, empezando con la hermosa señora Adelaida, quien aun se encontraba en shock por la fuerte bofetada de su esposo y sus duras palabras hacia ella y hacia sus hijas.

Sr. Mordekai: - Bueno mi querida señora, creo que su querido esposo no pudo ser más claro en todo esto, así que desde este momento como usted y sus dulces hijas me pertenecen, hare con ustedes lo que me plazca, hasta darme por complacido.

Le dijo a esta mientras la tomaba por detrás, sosteniéndola fuerte mente entre sus brazos, mientras esta permanecía aun sin inmutarse y el muy canalla miraba fijamente con una sínica sonrisa en su rostro a sus aterradas hijas, que observaban todo desde el otro lado de la sala, haciéndola voltear completamente después frente a sus hijas con su cuerpo, mientras Mordekai se tornaba más agresivo en sus caricias, apretando con firmeza sus grandes atributos, diciéndoles a las 3 mientras continuaba manoseando cada vez más agresivamente a Adelaida, esperando una reacción de su parte.

 Sr. Mordekai: - Esta situación puede ser más fácil o difícil para ustedes, dependiendo de qué tan complacientes sean ustedes conmigo, mis muy queridas invitadas.

-          Pero, no crean que no tendré reparos en atarlas y tomarlas por la fuerza de ser necesario, ambas cosas que también disfruto mucho, pues hare que paguen su deuda con sus cuerpos de una forma u otra.

Lo que dijo al desordenar de tal forma el vestido de Adelaida, que dejaba expuesta su ropa interior, al levantar su falda y descubrir sus hombros bajando su escote, permitiéndole tocarla cada vez más profunda y descaradamente, mientras frotaba su  mejilla contra la aun adolorida y suave mejilla de la bella mujer, por la fuerte bofetada que esta había recibido de su esposo junto a sus duras palabras, al abandonarla en manos de ese hombre, que ahora hacia lo que quería con ella y que pronto lo haría también con sus hijas. Reaccionando así de repente con el contacto de Mordekai en adolorida mejilla, lo que la obligo a caer en cuenta en ese momento de la dura realidad en la que se encontraban ella y sus hijas, entonces esta cerro sus ojos por un momento mientras las lagrimas aun corrían por su rostro y al abrirlos fue como si fuera otra persona, una mujer completamente distinta a la que conocían sus hijas y a la que se había presentado ante el Sr. Mordekai, su actitud se torno totalmente serena y completamente sumisa ante este, mientras dirigía la mirada hacia sus hijas, una mirada fría, vacía y distante, como si en realidad no se encontrara hay, como si solo fuera la sombra de sí misma, por lo que sus hijas la vieron sin poder reconocerla, aun cuando sabían que quien estaba ante ellas era su madre, quien ahora las miraba con indiferencia mientras se abrazaban con gran fuerza, con sus pequeños y delicados cuerpos y sus rostros empapados con sus lagrimas compartidas, cada vez mas temerosas al sentirse más solas y abandonadas que antes, pues aun que su madre aun estaba con ellas, esta parecía también haberlas abandonado, situación que pudieron confirmar cuando su madre dijo con una profunda y serena calma en su voz y sus ojos, dejando caer una única y última lagrima sobre su aun enrojecida y adolorida mejilla derecha.

Adelaida: - Está bien Sr. Maikolds, ahora nuestros cuerpos le pertenecen y puede usted disponer de nosotras como desee.

-          Yo misma me encargare de saciar sus más sórdidos deseos, pero por favor sea más gentil con mis hijas, pues ellas aun son solo unas niñas.

Dijo al final como si aun conservara parte de sí misma, pues una madre siempre será una madre sin importar las circunstancias que la obliguen a dejar de actuar como una, disponiéndose entonces a despojarse de su ropa hasta quedar completamente desnuda, ante la libidinosa y satisfecha mirada del malvado Mordekai, quien complacido por la actitud obediente de la hermosa Adelaida, camino con lentitud alrededor de esta observando cada centímetro de su exuberante cuerpo desnudo, acercándose a esta después para tomarla de frente con su brazo derecho, oprimiendo sus enormes tetas contra su pecho varonil, para después acaricias sus nalgas con su otra mano, después de recorrer toda su suave y tersa espalda, tomando entonces con firmeza su enorme teta izquierdo y apretujándola con su mano, acariciando su pezón entre sus dedos, mientras la tocaba cada vez con mayor vigor, a lo que esta reacciono girando su cabeza a un lado, dando un pequeño suspiro ahogado y cerrando sus ojos, como queriendo despertar de la terrible pesadilla que estaba viviendo, al mismo tiempo que Mordekai tomaba su otra teta con su boca, saboreando con su libidinosa lengua el delicado pezón de la voluptuosa Adelaida, absorto en el deseo por la hermosa figura y suave piel de la sensual mujer, quien para ser la madre de 2 jovencitas de 16 y 13 años, era aun y por mucho, más hermosa que otras mujeres más jóvenes que ella, pues aun conservaba esa firmeza y suavidad en su piel como la de una jovencita. Pues a sus 33 años la señora Adelaida era una muy exuberante y voluptuosa mujer de gran belleza, de piel morena clara, ondulado cabello bermellón y unos bellísimos ojos dorados, además de tener una gran figura femenina de grandes y firmes senos, piernas largas y torneadas, con unas nalgas firmes y redondeadas, en verdad una mujer con una hermosura de exótica belleza.

Belleza que siempre mostro desde muy joven, incluso cuando Adelaida solo era una sencilla y muy alegre muchacha de tan solo 16 años, a quien  el Sr. Marsel que para aquel entonces era un bien parecido hombre de 34 años, de mediana estatura cabello negro azabache y ojos azul cielo, fuerte trabajador y muy decente, cuyos abuelos fueron inmigrantes del Reino Castillano, después de la caída del ducado del Duque Piero Franco y la guerra civil que le siguió, al despilfarrar las arcas del ducado en sus lujos y excesos desmedidos, mientras sus súbditos pasaban hambre y malos tratos si se atrevían a quejarse, asunto que termino con la decapitación publica de este y la ascensión al título de su ducado de su primo; el ex cónsul Paris Franco, a quien este había obligado a vivir en el exilio por sus duras críticas a su desmesurado manejo de las arcas del ducado en frivolidades, por lo que al final termino convirtiéndose por su derecho legitimo de sangre, en el legitimo duque de Francos; el Duque Paris Franco, quien tomo como su primera tarea con el título y las responsabilidades de este, se hizo cargo de las deudas de su predecesor, para reactivar la economía y devolverle la dignidad a los ciudadanos de su ducado, pero aun así muchas familias que migraron al extranjero decidieron asentarse en las nuevas tierras que los recibieron y hacer sus hogares allí, como fue el caso de los abuelos de el Sr. Pierre Marsel, quien poco después de ver a por primera vez a Adelaida mientras acompañaba a su padre el Sr. Sabih; un pequeño comerciante local, con una tienda de telas en un pequeño y pintoresco pueblito fronterizo del suroeste del reino, al sur de la ciudad de Uildforrest, en el que el Sr. Marsel acostumbraba visitar algunas veces de paso en su recorrido por los comercios al sur de la frontera, para negociar con los comerciantes y mercaderes fronterizos del reino vecino de Diyin al otro lado de la frontera suroeste, para intercambiar mercancías y así surtir la modesta tienda que este y su hermano mayor tenían en la ciudad de Uildforrest, hasta que después de conocer a Adelaida y comenzar a cotejarla seriamente, para pedir su mano en matrimonio tan solo un año después de verla por primera vez, después de haber reunido suficiente dinero para el pago su generoso, al ser ella la menor de 2 hermanas y la joven más bella de todo el pueblo, por lo que tenía muchos pretendientes, incluso de otros pueblos, pero ninguno capas de pagar un dote tan alto como el que dio el Sr. Marcel por ella, gracias al cual hiso a esta su esposa, viviendo con ella solo un año en la casa de sus padres junto a su hermano en la ciudad de Uildforrest, pues sus padres habían fallecido hacia mucho, por causas naturales, pues al poco tiempo de nacer su hija Pabloba, el Sr. Marsel decidió venderle a su hermano la parte que le correspondía por herencia de sus padres de su tienda y la casa, para comprar una pequeña tienda en la ciudad portuaria de Torre Esmeralda, para hacerse de un nuevo patrimonio para él y la nueva familia que había comenzado a formar, al ser un hombre honesto y muy trabajador, acostumbrado a negociar desde pequeño, este prospero rápidamente, en gran parte debido a la gran calidad y belleza de sus finas telas importadas del noroeste del Reino De Diyin, por lo que para el ver prosperar su negocio y a su familia fueron su mayor felicidad, como lo fue para Adelaida haberlo conocido y enamorarse de él para dar a luz a sus 2 preciosas hijas, frutos del amor por su querido esposo, el señor Pierre Marsel, un humilde pero prospero comerciante de telas, quien aun que era mucho mayor que ella, fue su primer y único amor.

Un amor que parecía haberse desvanecido al igual que su feliz vida juntos, ahora que las había abandonado a ella y a sus hijas en aquel lugar, para satisfacer  los mórbidos deseos carnales del Sr. Mordekai, quien en ese momento se complacía tocando de las formas más impúdicas y depravadas su voluptuoso y exuberante cuerpo, sin ningún reparo yendo incluso más allá de lo que podría incluso considerarse inmoral detrás de las puertas del lecho marital, mientras sus jóvenes e inocentes hijas, contemplaban el bochornoso espectáculo aterradas, viéndolo todo desde el otro lado de la gran sala de estar, mientras Mordekai tornaba a su madre, una y otra vez, tocando todo su cuerpo y apretando con fuerza los grandes atributos de su madre, al mismo tiempo que introducía sus dedos y otras partes de su cuerpo en el de su madre, logrando con esto que su madre empapada en sudor se humedeciera cada vez más en su parte más intima, expulsando este también un liquido viscoso lechoso de su miembro masculino, empapando a su madre con él, tanto dentro como fuera de su cuerpo, actos que repitieron de formas diferentes varias veces, casi sin descanso, por lo que llegadas a ese punto sus hijas la veían sin poder reconocerla, aun cuando sabían que ella era su madre, pero quien ahora parecía más un animal salvaje luchando contra otro, al ver a ese hombre montado sobre ella haciéndole esas cosas, mientras la miraban esperando a que todo terminara para poder regresar a casa y dejar atrás toda esa amarga pesadilla, abrazándose cada vez con más fuerza, para tratar de darse valor la una a la otra mientras dejaban correr las lagrimas por sus rostros ya empapados por ellas, pues aunque no querían pensar en ello, sabían que pronto compartirían el mismo destino de su madre, lo que las llenaba de una gran angustia al sentirse cada vez mas solas y desprotegidas, sin saber que hacer o si podían hacer algo para escapar de todo eso, pues aun que su madre estaba con ellas, parecía que ella ya las había abandonado, ya que incluso parecía haberse abandonado a si misma a ese retorcido destino.

Destino que el mismo Mordekai se había encargado de preparar para ellas, desde el día en que este vio por primera vez a Adelaida tomada del brazo de su esposo junto a sus jóvenes y hermosas hijas, mientras tomaban una caminata dominical por el parque de la ciudad, disfrutando felizmente como una familia, una hermosa familia con una bellísima esposa y 2 lindas hijas jóvenes, que él deseaba poseer desde el momento en que poso su sucia mirada sobre ellas, así fue como averiguo del vicio por el juego del Sr. Marsel y su habito por acumular deudas por no saber cuándo parar, encargándose de preparar un encuentro fortuito con él, para tentarlo con una apuesta que no podría rechazar ni aunque quisiera hacerlo, en la que lo perdería todo, pues desde el momento en que decidiera sentarse a jugar a las cartas con el este ya habría perdido, pues nada podía hacer ante un habido tramposo como el Sr. Mordekai, quien sabría cobrar su deuda a un alto costo sin que este fuera capaz de negarse, por miedo a las consecuencias de jugar con hombre como él, quien ahora después de todo aquello tenía lo que quería. Y ya habiendo disfrutado en exceso los placeres del exuberante cuerpo de la voluptuosa Adelaida, se detuvo extasiado y exhausto por un momento, por su lujurioso arrebato de deseo hacia la sensual mujer, retomando nuevamente la compostura de un caballero de su clase y estatus social, mientras aun saboreaba con su lengua el dulce sabor que Adelaida había dejado en su boca, mientras mantenía su sórdida mirada en la hermosa y abusada mujer, que se encontraba completamente extenuada y empapada en sudor y fluidos sexuales, tanto suyos, como de Mordekai, los cuales el derramo en ella con gran abundancia y placer durante su frenesí de excitación y lujuria, de tal manera que Adelaida apenas si comenzaba a volver en si después del depravado ataque sexual de Mordekai, quien le dijo complacido mientras sonreía sínicamente al verla tirada a sus pies de tal manera:

-          Bien mi querida y deliciosa señora, creo que ya ha probado placenteramente su entera disposición para servirme.

-          Ahora es tiempo de que sus adorables y dulces hijas hagan lo mismo.

Entonces al escuchar esas palabras, Adelaida reacciono abriendo sus ojos y levantándose muy despacio, apenas con fuerza en sus piernas para mantenerse en pie, completamente agotada; tanto física como mentalmente, era como un cuerpo sin alma cuando se dio vuelta para mirar a sus hijas, quienes la habían observado envuelta en aquella perturbadora escena, sin poder hacer otra cosa más que mirarla con angustia y terror, mientras esa mujer que era su madre, era abusada de una manera tan cruda por el depravado Sr. Mordekai, y que ahora en ese momento mientras las veía a ellas; sus hijas, avergonzada de sí misma, por lo que había hecho, por lo que se había dejado hacer, y aun peor en la presencia y ante los ojos de sus jóvenes e inocentes hijas, como un preámbulo para lo que les esperaba a ellas también, dándose cuenta entonces de que lo que les estaba pasando no era una pesadilla, o por lo menos no una de la que pudieran despertar, para volver a su vida de antes, como si nada hubiera pasado, porque estaba pasando y en ese preciso momento esa era su realidad, una cruel realidad, pero su realidad, así que tendrían que afrontarla y seguir adelante con ella, por lo que aun con toda la vergüenza y los remordimientos camino lenta y calmadamente hasta donde se encontraban sus hijas, resignada completamente ante aquella situación, mientras Mordekai la seguía la mirada, atento y complacido por la excitante emoción de aquella morbosa situación, ansioso por el siguiente acto, para comenzar a jugar con las hijas de Adelaida y así llevar toda su depravación aun más lejos, al vulnerar a las frágiles e inocentes jovencitas, quienes se encontraban más allá del miedo cuando Adelaida llego hasta donde estaban, deteniéndose justo frente a ellas, para quedarse mirándolas por un momento, contemplando sus rostros con aparente indiferencia, siendo ahora tan diferente a la madre que conocían, como si ya no fuese la misma persona, como si fuera alguien más dentro de su cuerpo, pues esta las miraba como si no significaran nada para ella, era como si la persona que estaba frente a ellas en verdad ya no fuese su madre, quien estando detenida justo frente a ellas les dijo sin inmutarse, mientras las observaba fijamente, con una mirada vacía:

-          Desvístanse, desvístanse ahora mismo, es hora de que ustedes también participen de la agradable velada.

Dejando completamente sorprendidas a sus hijas, pero sobre todo a Pabloba, quien al escuchar aquellas palabras de su madre, palabras que jamás pensó oiría salir de su boca, ya que después de todo ella era su madre, como podía siquiera pensar o considerar algo así, la sola idea era una abominable aberración y más aun viniendo de ella, a quien ahora parecía no importarle nada lo que pudiese pasarles, aun habiendo experimentado por sí misma, con su propio cuerpo, lo que ese hombre, ese monstruo era capaz de hacer. Por lo que aun con su hermana en sus brazos sujetándose fuertemente a ella, todavía con lagrimas en sus ojos, tomo todo el valor que tenia y le respondió exigiéndole una explicación, para ver si aún quedaba algo de su madre en esa irreconocible mujer que estaba frente a ellas.

Pabloba: - ¡Pero madre!, ¡qué dices!, ¿cómo puedes pedirnos algo así?, ¿cómo puedes acceder a toda esta inmoralidad?

Adelaida: - Cállate niña tonta e insolente y haz lo que te he dicho, no seas desobediente, o es que acaso quieres piensas deshonrar la palabra de tu padre (refiriéndose al pago de la deuda con el Sr. Mordekai para recuperar sus bienes).

Pabloba: - ¡Deshonrar la palabra de papa! ¿Pero de que estas ablando?, nosotras somos tus hijas, como puedes ser capaz de pedirnos algo como esto, y nuestra honra, y nuestra inocencia, y nuestras vidas, es que acaso nada de eso no significa nada para ti.

Al escuchar a su hija, enfrentarla y recriminándola, desesperada por su ayuda, Adelaida respondió a las exaltadas palabras de su hija, igual que su esposo lo hiso con las suyas, dándole a esta una fuerte bofetada, con tal fuerza que la hizo voltear el rostro, salpicándola con las lagrimas que empapaban su mejilla, para apartar así también su angustiante mirada, que solo le recordaba la culpa que sentía por lo que estaba haciendo, repitiendo una vez mas lo que ya les había dicho, ahora en un tono más fuerte y severo:

-          Hagan lo que les he dicho, desvístanse ahora mismo y sean obedientes con el Sr. Maikolds, así como yo lo he sido.

-          Ya que ahora como sus invitadas, somos suyas y nuestros cuerpos le pertenecen completamente, pues así lo ha dispuesto su padre, mi señor esposo, así que ahora sean buenas niñas y compórtense como es debido.

Luego de observar con placer la acalorada escena entre madre e hija, Mordekai hiso un gesto con su mano a su bella asistente la Srta. Bayonett: una muy educada y seria joven mujer de 19 años, piel lívida, ojos carmesí, largo y muy lacio cabello ébano; una belleza clásica de finas facciones, silueta esbelta pero bien dotada, que llevaba puestos anteojos y vestía muy sobriamente, lo que la hacía lucir severa y formal a pesar de ser tan joven, dando a entender que era una persona sumamente competente, quien había estado observando todo desde la puerta cerrada de la entrada, donde esta se encontraba de pie esperando las ordenes de su patrono para servirle en cuanto este la requiriese, por lo que al ver el gesto de su señor hacia ella, de inmediato camino hacia donde este estaba, para recoger sus finas ropas y las de Adelaida del suelo y ayudarlo a ponerse más cómodo para sus invitadas durante el resto de la velada, tomando tanto las finas prendas de este como las ropas de Adelaida con sumo cuidado para guardarlas debidamente, volviendo poco después con una fina bata roja de seda virgen, adornada con delicados entramados bordados dos en un rojo más oscuro al igual que los bordes de esta, con la cual este cubrió momentáneamente su desnudes, para sentarse en el acogedor y gran sillón de negra piel junto a la gran chimenea encendida, donde tomo un puro de una fina caja de madera sobre una pequeña mesa junto a él, que su asistente; la Srta. Bayonett encendería por él, quedándose a su lado en espera de más indicaciones.

Pabloba abatida por la reacción de su madre y el duro golpe que había recibido de esta, tanto de su mano como de sus palabras y de su actitud hacia ella, solo coloco su mano sobre su enrojecida mejilla, mientras su hermana pequeña aun la sujetaba firmemente, mirando a su madre con temor, sin atreverse a pronunciar palabra alguna, al no poder reconocerla, pues ahora, en aquel lugar, ella era una persona completamente diferente, como si algo de ella se hubiese ido, abandonándolas a ellas y así misma, para dejarlas a merced de los retorcidos deseos del depravado Sr. Mordekai, por lo que finalmente aun sin querer hacerlo, tuvo que aceptar lo inaceptable, tanto su padre como su madre las habían dejado a ella y a su hermana en las manos de ese hombre, quien les haría a ellas lo mismo que ya le había hecho a su madre, por lo que temiendo al ver la actitud de sus padres en aquella situación, por algo aun peor de lo que ya había visto, sin saber  lo que sería de ella y de su hermana si no obedecía los deseos malsanos del Sr. Mordekai, por lo que sintió que no tenía otra opción más que aceptar aquel horrible destino, marcado por la cobarde palabra de su padre y la actitud sumisa de su madre ante aquel monstruo. Entonces habiendo aceptado lo inevitable, se coloco delante de su hermana pequeña en un ingenuo intento distraer la atención del depravado hombre, para que se olvidase de esta y no pudiera hacerle daño, por lo que Pabloba; que era una muy bella joven de esbelta y femenina figura, con la piel muy blanca, lacio cabello negro azabache y hermosos ojos dorados iguales a los de su madre, comenzó a desvestirse lentamente, a pesar de su gran pudor y timidez, ruborizada y completamente apenada, por el acto en sí de desprenderse de su ropa ante la mirada atenta y libidinosa de Mordekai, hasta quedar completamente desnuda, para después caminar hacia él, dejando atrás a su hermana pequeña, a quien le había dicho antes de hacer aquello que se quedara en silencio y sin llamar la atención para que aquel hombre malo no le hiciera nada.

-          No te preocupes hermanita, recuerda lo mucho que te amo, yo estaré bien sin importar lo que él pueda hacerme, solo espera hasta que todo esto termine y regresemos juntas a casa.

Entonces ya frente a Mordekai, con su cuerpo completa mente desnudo y dispuesta a enfrentar los depravados deseos del perverso hombre, habiendo dejado ya de lloras pero con su rostro aun empapado por las lagrimas de su inocencia perdida, inocencia que aún conservaba sin darse cuenta y que era tan clara tanto en sus palabras como en sus acciones, que solo hacían en Mordekai mas grande su deseo por devorarla junto con ella, pues tomar a una joven tan pura y virginal como ella, para corromperla en la depravación de sus sádicos deseos sexuales era casi como violar un ángel, lo que para el que era un verdadero demonio era la mayor satisfacción que podía encontrar en su insana lujuria, así que la dejo continuar un poco mas por su cuenta, deleitándose en su inocencia, mientras dejaba crecer su lívido frente a ella, quien concluyo frágil muestra de valor ante él, diciéndole en aparente calma, mientras era devorada por dentro por sus propios miedos.

Pabloba: - Si es su deseo tomar mi cuerpo y mi inocencia, solo le ruego que sea gentil, pues aun soy virgen y mi pureza no ha sido tocada jamás por deseo alguno.

-          Así que haga conmigo lo que quiera, pero por favor deje a mi hermana pequeña, ella aun es tan solo una niña, tómeme a mí si es una joven virgen lo que quiere.

-          Le aseguro que aunque soy virgen e inexperta, me esforzaré en complácelo en todos sus deseos con mi cuerpo, hasta que quede usted satisfecho.

Habiendo terminado de hablar, mientras esperaba en actitud sumisa la respuesta de Mordekai, tratando de cubrir disimuladamente su femineidad  con sus manos juntas colocadas tímidamente frente a ella, dejando solo sus pequeñas pero lindas tetas totalmente expuestas, resignada a la inminente pérdida de su pureza virginal, creyendo que con este acto de sacrificio, lograría salvar a su hermana pequeña; Erika, del mismo destino, pues aunque ella era 3 años mayor, también era frágil e inocente, por lo que el miedo que sentía en ese momento solo podía compararse con el miedo a la muerte. Hasta que al fin, Mordekai que solo la había observado en silencio, con sus ojos fijos y turbios en ella, le respondió riendo amenamente y diciendo en tono cínico envuelto en gentileza, mientras las miraba a ella y ahora también a Erika con un falso gesto de simpatía y compasión.

Mordekai: - Pero qué clase de monstruo crees que soy mi querida niña, mis queridas niñas.

-          No tienes, no tienen, por qué temer, pues ante todo, yo soy un caballero y sería incapaz de tomar la frágil inocencia de mi pequeña prometida en un lugar como este y sin las formalidades apropiadas.

-          Pues parte del pago de la deuda por la que se encuentran aquí para pagar con sus placenteros servicios, comprende también el que tome mano de la joven señorita Erika en matrimonio, para que esta pronto sea mi devota esposa.

-          Claro está, en cuanto fijemos la fecha de la boda, para que no haya desavenencias entre nosotros y todo quede en familia, siendo ella totalmente mía, al ser mi esposa.

-          Solo así podre dar por saldada la deuda, al darme por bien servido por ustedes, de forma satisfactoria y placentera además, para así regresarles los títulos de propiedad, una vez seamos familia.

Pabloba: - Pero entonces, si es tal y como usted lo dice, por qué nos pidió a las tres que nos desnudásemos.

Mordekai: - Pues, veras mi dulce e inocente niña, porque también soy hombre de negocios y me gusta revisar mis adquisiciones para ver que tan buen negocio he hecho.

-          Por eso, habiendo quedado todo aclarado, le pido a usted mi querida señora Adelaida, que por favor ayude a mi pequeña prometida a quitarse la ropa, pues en verdad ardo en deseos de ver la delicada figura desnuda de mi pequeña prometida, mi más reciente y preciada adquisición.

A lo que Adelaida respondió prácticamente de inmediato, sin pronunciar palabra alguna, acercándose a su hija Erika para comenzar a quitarle la ropa, por la fuerza de ser necesario, pues ahora ella obedecía sumisa todos los deseos y ordenes de Mordekai, mientras que Pabloba se había quedado completamente pasmada por las palabras de este, que lo único que significaban era que desde el momento en que fueron invitadas a aquel lugar, todo había sido decidido, por eso tanto su padre, como su madre, les habían dicho que llorar no serviría de nada y que lo único que podían hacer; era obedecer al Sr. Mordekai en todo lo que este les ordenase hacer, y así todo será más fácil, ya que resistirse era inútil, eso era lo que para ellas significaba en ese momento, ser unas buenas niñas, después de todo, todo terminaría pronto, una vez que él hubiese tomado de ellas lo que deseaba.  

Así mientras Adelaida le quitaba la ropa a Erika por la fuerza, mientras esta forcejeaba con ella para tratar de detenerla, pidiéndole que se detuviera, rogándole que no lo hiciera, con su hermana Pabloba sin saber qué hacer ahora, quedándose solo allí sin hacer nada, parada inmóvil frente a Mordekai, de espaldas hacia ella, completamente sorda a los gritos de auxilio de su hermana pequeña, gritos que comenzaban a ahogarse mientras era sometida por su madre, quien imponía firmemente su fuerza como mujer, sobre el pequeño cuerpo de su hija, quien era prácticamente una niña, terminando por dejar a Erika agotada y desnuda, al ser reducida por su propia madre después de haber tratado inútilmente de resistirse y de pedir su ayuda, aun contando con su hermana. Pero ya era tarde, pues esta ya había perdido toda esperanza y al igual que su madre se había resignado a su destino, pero Pabloba no era tan fuerte como Adelaida, por lo que para ella todo sería más duro y doloroso, aun cuando ya estuviese resignada a lo peor. Con Mordekai, al fin satisfecho por tener a las 3 hermosas féminas completamente desnudas ante sus ojos y dispuestas a complacer sus más sórdidas fantasías. Llamando con un gesto una vez más a su asistente, la Srta. Bayonett, quien no se había apartado de su lado en ningún momento, quien se inclino ligeramente hacia él para escuchar con atención sus órdenes.

-          Querida Mina, podrías por favor recoger las prendas de las señoritas y guárdalas junto a las de su madre para que no se ensucien, hasta que yo haya terminado de divertirme con ellas.

Entonces habiendo dicho esto, Mordekai se dirigió hacia donde estaba Erika; quien se encontraba postrada de rodillas en el piso junto a su madre, mientras era sujetada de los brazos por esta, quien era una mujer muy fuerte pese a su apariencia delicada y sumisa, lo que era innecesario llegados a ese punto, pues Erika ya no tenía las fuerzas para seguir luchando y mucho menos para tratar de resistirse otra vez a su madre o ha Mordekai; quien era claramente mucho más fuerte que Adelaida, a quien Erika se parecía mucho, tanto así que de no ser por que tenia los mismos preciosos ojos azul cielo de su padre, era idéntica a su madre cuando esta tenía su misma edad, ya bastante desarrollada para tan solo tener apenas 13 años, por lo que seguramente crecería para ser algún día una mujer tan exuberante y voluptuosa como la misma Adelaida, incluso tal vez aun más hermosa, así que al ver al fin a su adorable e inocente prometida desnuda frente a él, el fornido hombre la levanto con gran placer y delicadeza, tomándola de la cintura entre sus grandes manos, sosteniéndola sobre él, en el aire, para contemplar su gran belleza, embelesado completamente en el exquisito cuerpo de aquel ángel de suave piel bronce, que tenía en sus manos y que pronto le pertenecería completamente. Sonriendo al mirarla, como si de verdad le importara, aun cuando lo único que sentía por ella era el deseo de poseerla, lo que lo impulso a decirle con voz suave y cariñosa, dulces palabras de amor, llevado por el calor del momento, como si fuera otra persona y no el sádico depravado que había violado la honra de su madre frente a sus inocentes ojos, sino el fino y gentil caballero como el que se había presentado ante ellas al recibirlas como sus invitadas para una agradable velada.

Mordekai: - No tienes por qué temerme mi pequeña, yo siempre cuidare de ti mi dulce ángel, mi querida Erika.

-          Pues ahora tú eres mi pequeña nova, mi posesión más preciada.

-          Y cuando te haga mi esposa, te convertiré en una mujer y te hare experimentar placeres que te harán descubrir el intoxicante deseo de la verdadera lujuria.

-          Así que, mi pequeña novia, al menos por ahora permíteme probar el dulce néctar de tus delicados labios, mientras recorro todo tu pequeño y generosamente dotado cuerpo con mis manos.

Habiendo dicho eso bajo a la pequeña y temerosa Erika para cargarla entre sus fuertes y varoniles brazos, para llevarla hasta su sillón, el mismo acogedor y gran sillón de negra piel junto a la gran chimenea de piedra, en el que había permanecido sentado fumando un puro tranquilamente hasta hacia muy poco, con su asistente; la Srta. Bayonett a su lado en espera de sus ordenes, sin intervenir en nada de lo que sucedía, más que para servir a Mordekai, mientras Adelaida obligaba a Erika a desnudarse y Pabloba perdía toda esperanza de salvación, esperando lo peor permaneciendo aun en ese momento de pie e inmutable ante lo que sucedió después, cuando Mordekai se sentó en el negro sillón con Erika sobre su regazo, mientras eran iluminados por el fuego de la chimenea y este sujetaba el pequeño y bien formado cuerpo de Erika, tomándola delicada pero firmemente de la nuca, sujetando su largo y ondulado cabello bermellón entre sus dedos, mientras acercaba lentamente su rostro al de ella para besarla, metiendo su libidinosa y repugnante lengua dentro de los delicados labios de la pequeña jovencita, besándola profunda y depravadamente a la vez que  deslizaba sutilmente su otra mano acariciando la suave piel de su cálido cuerpo desnudo, hasta llegar a su entrepierna, donde Erika había colocado sus manos una sobre la otra, mientras juntaba con fuerza sus piernas temblando de miedo ante el resplandor del cálido fuego de la chimenea, sin poder evitar que Mordekai continuara tocándola, apartando las pequeñas manos de Erika para meter su mano entre las piernas de esta y continuar acariciando su frágil inocencia, procurando no introducir sus dedos dentro de ella, limitándose únicamente a acariciar su clítoris y el exterior de sus labios femeninos, palpando sutilmente su pequeño capullo virginal, sintiendo su calor y sus palpitaciones, mientras esta mojaba poco a poco su mano con sus dulces jugos femeninos, al ser obligada a excitarse, sometiéndola a placeres que jamás había experimentado, profanando su inocencia sin mancillar su preciada virginidad, sin atreverse a tomar por completo su frágil pureza, la cual guardaría para el final, y así coronar su victoria no solo ante los hombre sino también ante dios, al hacerla su esposa bajo su bendición, el día de su boda, un deseo tan profano que solo podía nacer de la mente enferma de un verdadero demonio. Tomar una joven e inocente virgen ante las leyes de dios y convertirla en su esclava sexual.

Mientras que en ese momento Erika totalmente confundida por las sensaciones despertadas en su cuerpo por el impropio manoseo de Mordekai, se sentía a la vez asustada, asqueada y excitada, al experimentar por primera vez la sensación de ser tocada en sus partes intimas, por lo que incapaz de comprender o controlar lo que sentía su cuerpo y sin poder comprenderse a sí misma en ese momento, ante aquellas circunstancias, solo pudo llorar en silencio, dejando caer sus lagrimas sobre su pequeño cuerpo desnudo, mientras era abusada por el depravado Mordekai, quien parecía envolverla con su cuerpo, quien al sentir las cálidas lagrimas de Erika, detuvo repentinamente su lujurioso manoseo, sacando su mano de la entrepierna de esta, aun empapada por los jugos femeninos de la cándida y acalorada jovencita, colocándola frente a él para lamerla, saboreando el aun cálido y dulce néctar de la adorable Erika, lamiendo su palma y chupándose los dedos, deleitándose extasiado por su delicado sabor virginal, para poco después sujetar  con esa misma mano el delicado rostro de la inocente pequeña, mirándola fijamente llorar en silencio con los ojos cerrados y así lamer con gran delicadeza las lagrimas que corrían por su rostro y después susurrarle suavemente al oído sonriendo en su propia malicia, mientras ella permanecía con los ojos cerrados, como queriendo ocultarse dentro de sí misma.

-          Mi Pequeña Niña, tu dulce inocencia y tus amargas lágrimas, solo hacen que aumente en mí el deseo por hacerte mía, ya que tu deliciosa pureza es intoxicante.

-          Pero este día no te are mía, pues es también mi deseo conservar tu castidad para el altar y verte ante mí en la casa de dios como la bella virgen que deseo poseer.

-          Por eso cuando abras  tus preciosos e inocentes ojos azules como el cielo, el mismo cielo del que solo puede provenir un hermoso y puro ángel como tú, y me mires con tu lindo rostro de niña asustada y eso me llene de deseo, el deseo por poseer tu suave y fragante cuerpo, para que me entregues tu deliciosa pureza, aun así esperare con ansia el momento cuando seas mí querida esposa, entonces y solo entonces te hare totalmente mía, pues ahora yo soy tu novio y me encargare de cuidar de ti ahora y siempre.

Después de su momento con Erika, Mordekai se levanto con ella en brazos para después dejarla reposar tranquilamente en el acogedor sillón negro de piel junto a la chimenea, llamando la atención de la Srta. Bayonett, nuevamente, esta vez diciéndole en voz alta mientras miraba a Adelaida y a Pabloba con una falsa expresión de gentileza en su rostro.

Mordekai: - Mi querida Mina, trae una manta de seda de mi habitación para que mi pequeña novia pueda abrigarse un poco y sentirse más cómoda, mientras yo me encargo de atender a mis otras invitadas.

-          Ahora queridas mías, es momento de continuar con la velada, pues no creerán que me he había olvidado de ustedes.

-          Por eso, me gustaría pedirle a mi querida y espléndidamente dotada señora Adelaida que me dé una mano con la inocencia virginal de su linda y joven hija Pabloba.

-          Ya que eso hará que las cosas sean  más interesantes…

Concluyo sonriendo sínicamente mientras miraba fijamente a Adelaida y después a Pabloba, esperando la reacción de ambas al escuchar esto, siendo Adelaida quien sin siquiera dudarlo tomo la iniciativa y se dirigió hacia donde estaba Pabloba, quien al no saber qué hacer después de haber perdido toda esperanza, se había quedado de pie e inmóvil, completamente absorta de toda la situación a su alrededor, solo esperando lo peor, hasta el momento en que Adelaida la tomo por detrás, rodeándola con su brazo derecho, mientras la tomaba del cuello con su mano izquierda, sujetándola contra su exuberante cuerpo desnudo y aun pegajoso por los fluidos sexuales derramados por Mordekai en ella, creyendo que debía someterla al igual que ya lo había hecho con Erika, pero Pabloba seguía sin inmutarse, por lo que Adelaida tal vez al estar tan cerca de su hija, sintiendo su calor y su familiar olor, mientras sus corazones latían tan cerca el uno del otro, tuvo por un momento conciencia de sus catos, sintiendo la necesidad de hacer algo por ella, así que volteo dirigiéndose a Mordekai con una gran determinación en sus ojos y una picara sonrisa, desbordando toda su sensualidad a través de los suaves movimientos de su voluptuoso cuerpo diciéndole que: la tomara a ella en lugar de a la tonta e inexperta jovencita, pues ella saciaría mejor todos sus deseos, como ya lo había demostrado antes. Tomando la palabra de la hermosa mujer, este se dirigió hacia donde esta se encontraba junto a su hija  y se coloco detrás de ella, sujetando a ambas entre sus fuertes brazos al mismo tiempo, para luego decirle lo siguiente, sonriendo complacido.

Mordekai: -  Pero por supuesto mi bellísima y encantadora señora, que usted más que ninguna otra mujer ha sido capaz de saciar con satisfactorio placer mis deseos con toda su desbordante sensualidad.

-          Al tener además un cuerpo tan exuberante y voluptuoso como muy pocas veces hombre alguno es capaz de ver en todo su esplendor y del que yo he sido capaz de servirme sin ningún reparo, gracias a su tan buena disposición.

-          Pero sin embargo usted siendo solo una mujer es incapaz de cumplir todos mis deseos, los cuales son demasiados, siendo uno de ellos: el tomar la dulce inocencia virginal de su linda hija Pabloba ahora mismo.

-           Pero claro como ya le he dicho antes, quiero que me dé una mano para que las cosas sean más interesantes y hacer de esta una experiencia inolvidable para Pabloba, como debe ser toda primera vez.

Entonces este hiso que Adelaida regresara a su anterior estado de sumisión, tomándola fuertemente del cabello con una de sus manos, mientras la hacía sentir la dureza de su virilidad entre sus piernas, para que se diera cuenta de la fuerza de su convicción, mientras ella aun sujetaba con firmeza a su hija y ambas eran aun sujetadas por él con su otro brazo, haciendo después que Adelaida acostara a Pabloba de espaldas sobre una inmensa blanca piel de oso de las nieves, que estaba en el piso cerca del gran sillón donde se encontraba tranquila y callada después de haber dejado de llorar la atemorizada Erika; junto a la Srta. Bayonett, quien se había quedado al lado de ella, después de ayudarla a cubrir su desnudes con una sabana roja de seda, por orden de su señor Mordekai, desde donde junto a Erika presenciaban el sádico juego en el que el morboso caballero envolvía a madre e hija, haciendo que Adelaida quien actuaba como una obediente esclava sin emociones abriera las piernas de Pabloba, quien era prácticamente como una muñeca; dejándole el completo control de su cuerpo a su madre, que después de acostarla en la blanca y mullida suave piel de oso y abrir sus piernas, introdujo sus dedos dentro de ella para masturbarla, logrando que esta reaccionara al fin al romper su himen, completamente exaltada al ver lo que su propia madre le estaba haciendo y flexionando sus piernas para tratar de levantarse, logrando tan solo sentarse al ser sujetada con fuerza de sus piernas por Adelaida, quien trepo sobre ella hasta estar cara a cara, viéndola con los ojos vacios mientras la sujetaba con fuerza entre sus brazos, impidiéndole poder moverse con libertad y hablando con ella brevemente en su ajeno estado de conciencia.

Adelaida: - Resistirse es inútil, se una buena niña y juega con Mama para que el Sr. Maikolds se sienta complacido.

Pabloba: - ¿Qué dices?, ¿pero que me has hecho?, ¿porque estoy sangrando?, ¡¿qué es todo esto?!

Adelaida: - Pero que dices niña tonta, es normal que sangres un poco cuando es roto el sello que guarda tu virginidad, además Mama solo quiere que todo sea más fácil para ti, por eso te estoy ayudando a ser una mujercita.

Sin nada más que agregar y siguiendo las morbosas instrucciones de sádico Mordekai, la vigorosa señora Adelaida procedió a continuar con sus depravados actos sexuales con Pabloba, quien aunque ya podía moverse y era plenamente consciente de lo que le hacían, no tenía la fuerza ni la voluntad para seguir resistiéndose, después de todo ella siempre había sido muy frágil; física y mentalmente por lo que su espíritu ya se encontraba totalmente quebrantado, aun cuando aun gritaba y gemía al ser tocada y ultrajada por su madre, quien la envistió en un ataque de furor lésbico, solo comparable al que ella misma sufrió a manos de Mordekai, tal y como este le había indicado a Adelaida que debía hacerlo, lamiendo cada parte del suave cuerpo desnudo de su propia hija, incluso amamantándose con ella y mordiendo sus delicados pezones con suavidad mientras la llevaba al orgasmo al introducir profundamente sus dedos y su lengua en ella, en una degenerada y endogámica violación lésbica de madre a hija, de la que al terminar Adelaida se levanto exhausta de encima del delicado cuerpo de Pabloba, aun ruborizada, caliente y húmeda por el gran despliegue de erotismo, mientras su hija yacía apenas consciente entre ella y la acogedora blanca piel de oso.

Mordekai satisfecho por el gran espectáculo de lujuria entre madre e hija y sumamente excitado por la gran actuación de Adelaida al tomar la inocencia de su hija sin reparo alguno, aplaudió felicitándolas con cínica emoción, mientras llamaba con un gesto a su asistente la Srta. Bayonett, quien había observado todo fríamente en silencio toda la mórbida escena al lado de Erika, dirigiéndose entonces con su señor Mordekai, quien le ordeno traer una botella de champagne para saciar su sed y recobras energías, tarea que su asistente realizo sin demora, tomando este la botella de la adornada charola de palta y tomándosela directamente de esta como si se tratase de agua, dejando escurrir parte de su contenido de su boca al beber, como el bárbaro patán que realmente era, por lo que su asistente lo miro con leve disgusto, como mostrándose ofendida por sus modales, aun cuando en ningún momento mostro ningún desagrado o molestia por lo que la había hecho a Adelaida o a sus hijas, Mordekai claramente se dio cuenta de ello pero no le prestó la menor importancia, lo que fue extraño para un hombre realmente tan dominante, sobre todo con quienes considera inferiores a él.

Mordekai: - ¡Aaah! sí, eso era justo lo que necesitaba, tráeme otra más mi querida Mina, que este sorbo apenas si me ha servido para mojarme la boca  y olvídate de las copas, ni yo ni mis invitadas vamos a necesitarlas.

-          ¡No espera!, mejor trae 1 caja entera y olvídate del hielo, mis invitadas y yo vamos a saciarnos con ellas de tal forma que no importa que no estén frías.

Dijo mientras miraba los bellos cuerpos desnudos de las féminas sobre la blanca piel de oso, estado estas tan juntas, húmedas y aun calientes, con Adelaida montada sobre Pabloba quien aun yacía apenas consciente entre sus piernas, por lo que cuando la Srta. Bayonett regreso con la caja con 6 botellas de champagne, Mordekai tomo una de las botellas y se la empino tomándosela tan rápido como la que había bebido antes, reservando el resto para después con Adelaida y Pabloba, comenzando con Adelaida quien apenas recuperaba sus fuerzas después del depravado ataque sexual contra su hija, por lo que este la tomo del cabello levantando su rostro para meterle la botella de champagne en la boca, obligándola a beber todo el contenido de la misma sin dejar una sola gota y repitiendo esto una vez más, vaciando entonces otras 2 al mismo tiempo sobre su cuerpo desnudo, bañándola con ellas, para después besarla y saborear sus dulces labios empapados de alcohol, mientras miraba con deseo a la joven Pabloba, quien apenas comenzaba abrir sus ojos, tendida con su lacio y alborotado cabello negro sobre la mullida piel blanca de oso, solo para contemplar aterrada a aquel hombre, mientras besaba con depravado placer a su madre, después de lo que este le había obligado a hacerle, mientras Erika se encogía asustada en el gran sillón negro cubriéndose con la sabana de seda roja, tratando de no mirar, pero haciéndolo aun así brevemente al escuchar los gritos de su hermana, temblando temerosa e impotente, sin poder ser capaz de hacer nada para detener a aquello. Para después ver a Mordekai acercarse a Pabloba, tomándola con fuerza del cuello con una mano y apretujarle las tetas con la otra, susurrarle al oído palabras sucias con su aliento alcohólico, haciéndola sentir más asqueada y asustada de lo que ya estaba, con él y su madre encima de ella, obligándola con sus sucios juegos a romperse cada vez más, mientras los dorados ojos Pabloba se nublaban al sentir como era devorada por la oscuridad de aquel hombre, dejándola resignada y sin voluntad alguna de resistirse a las palabras de Mordekai, al igual que su madre ya lo había hecho, encerrándose así misma dentro de su cuerpo para que este se sirviera de él, para que todo ese horror terminara de una vez por todas y poder despertar de aquella enfermiza pesadilla, dejando escapar una pequeña y ultima lágrima, antes de abandonarse a sí misma.

Mordekai: - No llores, no tienes nada de que temer, a ti te disfrutare con mas delicadeza que a tu madre, ya que tu virginidad es un delicioso placer que solo puede disfrutarse una sola vez.

-          Puede que al principio sientas un poco de dolor, pero te aseguro mi linda Pabloba, que después terminara por gustarte todo lo que voy a hacerte.

Susurro al oído de esta con aparente dulzura mientras frotaba su mejilla contra la de ella, para después pasar su asquerosa lengua por su pequeña oreja y comenzar así a lamer su cuello mientras la sostenía de los hombros, todo esto ante la inocente mirada de Erika, comenzando así a acariciar cada vez mas depravada y profundamente a la bella Pabloba, que ahora parecía ser tan sumisa como su madre, pero más como una mueca sin voluntad que como una complaciente esclava sexual, con Mordekai tomándola de su sedoso y largo cabello negro, oprimiendo su delicado y esbelto cuerpo desnudo contra el suyo, besándola profundamente metiendo su asquerosa lengua en la pequeña boca de la inocente jovencita, para besarla cada vez mas depravadamente mientras esta se retorcía ligeramente entre sus brazos, aun asqueada por las repugnantes acciones de aquel hombre, logrando con esto solo aumentar aún más el deseo sexual de Mordekai por abusar de ella, al sentir la fricción producida por el suave y delicado cuerpo de Pabloba al retorcerse y rosar contra el suyo, el depravado y excitado hombre la levanto de debajo de su madre, quien se quedo allí de rodillas con las piernas abiertas, mientras Mordekai cargaba a Pabloba en sus brazos, para acostarla en un gran sofá también de piel negra, tan grande como para que pudieran sentarse en el cómodamente 5 personas, en donde Mordekai comenzó a acariciar los pequeños pero suaves y firmes pechos de Pabloba, apretujándolos con vigorosa suavidad, para después a chuparlos y lamer sus pequeños pezones como si saborease unos dulces, mientras la pobre joven incapaz de poder hacer nada, al ver como Mordekai hacia lo que quería con ella como antes lo había hecho su madre obedeciéndolo sin objeción alguna, se estremeció involuntariamente por la excitación, al ser sometida tan crudamente a tal estimulación, para la que no estaba preparada y que jamás había experimentado, por lo que al ver eso; Mordekai se detuvo por un momento para contemplar a la dulce e inocente Pabloba mientras apretaba sus firmes y suaves pechos, levantando las largas y blancas piernas de la jovencita, acariciando también sus firmes y suaves nalgas, las que tomo con ambas manos al besar con gran placer para su entrepierna, donde uso sus dedos y su lengua para explorar la dulce pureza de la joven inocente, haciendo que esta reaccionase cerrando sus ojos horrorizada al ser ultrajada de una forma tan sucia por aquel depravado hombre, quien estaba lejos de detenerse y que al ver la expresión la cara de Pabloba al abusar de ella, se introdujo aun más profundamente, para después decirle complacido al lamer los fluidos virginales de la jovencita de su rostro:

-          No finjas que no lo disfrutas, cuando estás tan mojada por la excitación que no has dejado de venirte en mi boca con tu dulce néctar virginal, mientras metía cada vez más profundamente mi lengua dentro de ti.

-          Además esto es tan solo el principio, pues ahora te poseeré como nunca ningún otro hombre será capaz de hacerlo otra vez.

En ese momento la expresión de Pabloba cambio totalmente, esta ya no era de resignación como la de su madre, ni tampoco era la de una joven sumisa dispuesta a sacrificarse por su pequeña hermana, era más como si algo en ella hubiese muerto en ese momento, al darse cuenta de lo que ese hombre la había hecho sentir, como si su alma hubiese sido devorada por la oscura lujuria con la que Mordekai tocaba su cuerpo y todo lo que ella era; su inocencia, su pureza, sus sueños y esperanzas, así como sus deseos de vivir; amar y ser amada se hubiesen marchitado dentro de su cuerpo al ser tocada por aquel hombre, aquel monstruo llamado  Mordekai, quien en ese momento saco sus dedos humedecidos por la vulnerada inocencia de Pabloba, lamiéndolos empapados de su dulce inocencia, mientras la miraba satisfecho con una sonrisa sínica en su perverso rostro, pues él era más un demonio que un hombre, que una vez más abrió las piernas de Pabloba, colocándose entre ellas completamente excitado, mientras sostenía a la frágil jovencita con firmeza de los brazos, manteniéndola acostada contra el gran sofá negro, comenzando entonces a introducir  su endurecida y gran virilidad dentro de la delicada y rosada femineidad de Pabloba, introduciéndose lentamente en ella hasta estar totalmente dentro de ella, moviéndose vigorosamente dentro de esta una y otra vez, haciéndola gemir y gritar con cada envestida, mientras era abordada por sensaciones mescladas de dolor, excitación y repugnancia, al ser tomada de tal manera por primera vez, por un hombre como ese, que no dejaba de acabar dentro de ella, llenándola cada vez más con sus fluidos masculinos, hasta terminar extasiado pero aun deseoso de tomar más y más de la agotada y mancillada Pabloba, poseyéndola después  mas depravadamente y de todas las formas posibles, como ya lo había hecho antes con su madre; Adelaida, que exhausta y embriagada por el champagne y aun de rodillas con las piernas abiertas sobre la enorme y blanca piel de oso de la sala, termino en ese momento por caer agotada sobre la misma, atormentada al escuchar a su hija; Pabloba, pasar por lo que ella ya había pasado y le había hecho pasar, mientras su otra hija la pequeña Erika presenciaba toda la perturbadora escena, llorando en silencio por lo que ese hombre le hacía a su pobre hermana, quien parecía abandonada a las perversiones de aquel monstruo.

Y así por fin, el final de la larga y horrible velada término, después de que Mordekai acabara con Pabloba y se levantara de encima de ella, tomando la última botella de champagne, la cual, al igual que las otras 2, se empino tomándosela en un instante como si se tratase de agua, saciando su sed, para caminar aun desnudo hacia la gran ventana del frente de la imponente casa de campo, la que usaba habitualmente como cabaña de caza y para ocasiones como esa, para hacer de las suyas acompañado siempre y únicamente por la Sta. Bayonett, que más que su asistente era su cómplice o su secuas, dependiendo de las circunstancias, Mordekai de pie allí contemplaba la nieve caer en el oscuro bosque, solo iluminado por la luz del interior que salía por los cristales de la ventana, para poco después voltear hacia donde estaba Erika, caminando hacia ella y deteniendo su corpulento cuerpo desnudo frente a ella, inclinándose ligeramente hacia ella para acariciar su rostro con su mano, mirándola a los ojos diciéndole:

-          Esperare con ansia nuestra noche de bodas, pues tu eres a la que más deseo; mi querida Erika.

Entonces la tomo del cabello y la beso en los labios al igual que antes, para después retirarse a su alcoba mientras comenzaba a despuntar el alba, satisfecho y complacido por su mórbida noche de depravación dejo a sus invitadas en las manos de la Srta. Bayonett, quien se encargo de llevarlas a una de las habitaciones, donde se encargo de prepararles el baño y regresarles su ropa, para que se asearan y se prepararan para partir de regreso a su casa, al despedirlas la Srta. Bayonett, por indicación de Mordekai les dijo que el pronto, en un par de días, los visitaría en su casa para arreglar los detalles de su compromiso con su hija menor; Erika y fijar la fecha de la boda, a lo que Adelaida le respondió cortésmente: que esperaría con gran agrado su visita. Como si nada hubiese pasado en aquel lugar, sabiendo que aun se encontraban en sus manos, mientras sus hijas subían al carruaje de Mordekai y la Srta. Bayonett las miraba partir. Regresando poco después aun temprano en la mañana a su casa, donde una vez hay Pabloba subió corriendo a su habitación con Erika tras ella, encerrándose en esta a llorar juntas por lo que les habían  hecho y lo que le seria de Erika al casarse con aquel hombre que ahora había entrado a sus vidas para destrozarlas, pues aquella pesadilla estaba lejos de terminar. La señora Adelaida se quedo en la entrada donde su marido las esperaba apenas sobrio, desde hacía muy poco, lejos de la vista de los sirvientes, entrando entonces juntos directamente al estudio, donde se planto frente a esté, esperando inútilmente una explicación sobre el porqué ella y sus hijas habían tenido que pasar por aquellas horribles circunstancias, en manos de aquel monstruoso hombre, pero este ni siquiera fue capaz de levantar su rostro para mirarla a los ojos y solo se quedo allí sin decir nada, esperando cobardemente a que ella simplemente aceptara las cosa y olvidara lo ocurrido, pero Adelaida completamente iracunda, pero sin levantar la voz, para no llamar la atención de los sirvientes, le dio el mensaje de Mordekai, sobre su próxima visita; para arreglar lo referente al compromiso de este con su pequeña hija Erika, entonces al escuchar esto de su esposa, aun ya sabiéndolo de antemano, el Sr. Marsel comenzó a llorar abrasándose a las caderas de esta, mientras le repetía una y otra vez: que por favor lo perdonara, por lo que había hecho, siendo un pobre cobarde, actitud a la que Adelaida le respondió apartándolo de ella bruscamente y dándole una fuerte bofetada, golpeando en el rostro aun con más violencia con la que el ya la había golpeado a ella antes; en aquel lugar ante el despreciable Sr. Mordekai, tan llena de rabia, que la fuerza del golpe lo hiso caer al suelo con la boca sangrante, lastimándose ella también la mano por el brutal impacto, mirando este entonces a la que fue su amada esposa ahora mirarlo con tanto odio y desprecio, aun sorprendido por la violenta reacción de esta, quien siempre había sido una mujer calma y gentil, incapaz de siquiera pensar en lastimar a alguien, quien en ese momento entonces comenzó a dejar escapar sus lagrimas sin poder contenerlas más tiempo, aun llena de rabia y con sus ojos llenos de odio, llorando a cantaros sin decir o emitir sonido alguno, manteniéndose estoica ante la miserable mirada de su esposo, que seguía en el suelo incapaz de poder levantarse, para no enfurecerla aun más, pues la mujer que tenia ante él le rea irreconocible, después de un rato y aun con las lagrimas corriendo sobre su rostro, como un alma en pena, le dirigió algunas pocas palabras, mientras lo miraba aun con más odio y desprecio, como si quisiera que muriera.

Adelaida: - Lo que me has hecho, lo que me has obligado a hacer, es absolutamente imperdonable, solo porque eres mi esposo y yo confiaba en ti porque te amaba.

-          Y no solo me lo hiciste a mí, sino también a nuestras hijas, tal abominación; jamás  ni ellas ni yo te lo perdonaremos, nunca; ni siquiera con la muerte tu pecado encontrara perdón alguno.

-          No quiero que vuelvas a tocarme o a acercarte a mí ni a mis hijas nunca más y si vuelves a acercarte a nosotras creyendo que aun somos una familia, te juro que voy a hacer que te arrepientas de haber nacido, si es que aun no lo has hecho, maldito y miserable cobarde.

Después de decir aquellas duras palabras, Adelaida se retiro a su habitación, cerrando las puertas tras de sí sin nada más que agregar, dejando a su esposo hay tirado en el suelo, solo dentro del estudio, como una piltrafa, para que poco después el Sr. Marsel abandonara su casa en silencio, para irse vivir partir de ese momento a su tienda de telas, a la que Adelaida le hiso enviar sus maletas con sus artículos personales y su ropa, donde entonces su oficina también le servía de alcoba, durmiendo en el sofá de que tenía en esta, en la cual también tenía un pequeño baño con ducha, para cuando tenía que quedarse hasta muy tarde para hacer inventario, pero a pesar de ya no vivir con su familia, el siguió haciéndose cargo financieramente de su esposa y sus hijas, dándoles a estas la mayor parte de sus ganancias quedándose solo con lo suficiente para vivir y mantener la tienda de telas, abandono entonces y para siempre el vicio del juego, aunque ya tarde después de lo que había hecho, causándole tan terrible mal a su familia, perdiéndolo todo, hasta lo que más amaba, para quedarse solo en compañía de sus demonios, tratando de acallarlos ahora con el vicio del alcohol.

Unos días después la Srta. Vayonett, la asistente del Sr. Mordekai, toco a la puerta de la residencia de la familia Marsel, para comunicarles la fecha para su asistencia a la fiesta de compromiso de su patrono el Sr. Mordekai con su hija menor Erika, pues este se encontraba demasiado ocupado para ir personalmente, por lo que había enviado también unos presentes a su joven prometida, así como también a su futura suegra y su futura cuñada, como se esperaría de un respetado caballero de su posición, los presentes eran 3 hermosos vestidos de diseñador de la boutique más elegante de la ciudad, para que las 3 bellas damas lucieran su belleza en la ceremonia de compromiso y unión de las 2 familias, obsequios que la Sra. Marsel recibió cortésmente con disimulada incomodidad, fingiendo falso agrado, ante la sínica y fría mirada de la subordinada de aquel despreciable hombre en cuyas manos aun se encontraban, a lo que la Srta. Bayonett sonrío complacida al ver como la Sra. Adelaida acepto tan de buena manera los presentes de su señor Mordekai, tanto así que la Sra. Adelaida incluso tuvo la gentileza de tragarse su orgullo, por el bien de las apariencias y el temor al poder e influencias de nefasto Sr. Mordekai, que invito cortésmente a la asistente de este a tomar el té de la mañana con ella para poder hablar mejor sobre los detalles concernientes a los preparativos para la fiesta de compromiso, preparativos que la Sra. Adelaida comunico a su esposo el Sr.Marsel poco después de la partida de su casa de aquella mujer, ablando con este en su tienda de telas, donde este había estado viviendo desde abandono su casa avergonzado de sus actos e incapaz de ver a los ojos a su familia, por el terrible mal que les había causado.

Después de hablar con su esposa sobre el penoso y sórdido asunto en cuestión, y de que esta regresara a casa quedando este nuevamente solo con sus demonios, este apretó fuerte mente sus puños hasta sangrar por enterrar las uñas en sus palmas, ante la frustración y la impotencia de lo que el mismo había causado, golpeando la robusta mesa frente a él con los puños aun cerrados y sangrantes, hasta agotarse, dejando caer su cabeza sobre sus brazos posados en la mesa ahora en calma, dejando salir un sollozo ahogado entre tanta pena, mientras se repetía así mismo en su cabeza: “que he hecho, que he hecho, que le hecho a mi familia”.

Un mes pasó y así llego la noche de la fiesta del compromiso de Erika con el Sr. Mordekai, el carruaje de este llego puntual a las 7, para recoger a su prometida junto a su familia y llevarlos a la lujosa mansión del Sr. Mordekai Maikolds, una de las propiedades más hermosas de la parte alta de la ciudad, donde vivían los aristócratas menores, los miembros del gobierno, oficiales militares y comerciantes ricos como el Sr. Mordekai y su hermano, donde Erika y sus padres fueron recibidos personalmente en la entrada por la Sta.Bayonett, quien para todo los efectos era la mano derecha del Sr.Mordekai (quien oficialmente era la asistente personal de este, ejerciendo también las funciones de mayordomo de la mansión y administradora de los negocios lícitos e ilícitos de Mordekai), quien los escolto hasta el gran salón en donde se encontraba el señor de la casa, el prometido de Erika, el infame Sr. Mordekai, quien esperaba con ansias la llegada de su linda y joven prometida, que era prácticamente una niña, acompañado de su familia; su hermano menor el Sr. Yoneimas Maikolds y su bella esposa, la Sra. Mariana Bershmarth de Maikolds, quienes aunque sabían que la prometida de Mordekai era una jovencita, se sorprendieron un poco al verla, pues esta aun era una niña, reacción que también tuvieron algunos invitados, mientras que para otros por pertenecer a la aristocracia y relacionados con esta lo vieron como algo común en un matrimonio arreglado, donde incluso los nobles se casan entre primos, y el estupro es común entre los miembros de la corte y familias opulentas, además la fecha de la boda anunciada durante la fiesta de compromiso estaba fijada un día después de que Erika cumpliera los 14 años de edad, la cual era la edad mínima permitida por la iglesia para efectuar las nupcias, y era un hecho conocido por todos; que le padre de su joven prometida tenía fuertes deudas a causa de sus problemas de juego, razón por la cual le dio la mano de su hija más joven, prácticamente una niña, pero que prometía convertirse en una belleza voluptuosa como su madre, una de las mujeres más hermosas de la ciudad, una hermosa extranjera con una belleza exuberante, rara vez vista en las tierras del norte, y por la que el Sr. Mordekai estaba dispuesto a dar un generoso dote digno de su elevado estatus social, y claro eran bien conocidos los gustos de este por las jovencitas, sobre todo si estas eran vírgenes, un placer en el cual gastaba grandes sumas de dinero.

Y el hecho de que la Sta. Bayones se encargara de esparcir por diversas fuentes el tema de las deudas y los vicios del padre de la prometida de su patrono hiso más fácil el ver el hecho de que este se casara con una jovencita de tan solo 14 años.

Al recibir a su prometida y presentarla a ella y a sus padres con su familia, su hermano y su cuñada, Mordekai pregunto aparentemente extrañado por la ausencia de la hermana mayor de Erika; Pabloba, en un día tan especial para su esta y toda su familia, sabiendo el gran cariño que esta sentía hacia su hermana menor. A lo que la Sra. Adelaida respondió mostrándose ligeramente afligida y apenada, que esta no se había estado sintiendo bien últimamente, y que pese a sus deseos de acompañar a su hermana en un día tan importante, había tenido que quedarse en casa y guardar cama por ordenes del doctor.

Mordekai: - Espero que no sea nada serio.

Dijo mirando fijamente a Adelaida a los ojos, en espera de su respuesta, mientras sostenía la mano de esta entre las suyas, fingiendo preocupación ante el estado de Pabloba.

Adelaida: - No tiene de que preocuparse, no es nada grave solo un malestar, por lo que el descanso es lo más recomendable (respondió algo nerviosa, sin mostrar su indignación).

-          Ella siempre ha sido algo frágil, con un poco de descanso se encontrara mejor.

Finalizada la plática, Mordekai tomo de la mano a su pequeña prometida y se dispuso a presentarla formalmente a Yoneimas, Mariana y los demás invitados, llevándola al centro del salón donde todos pudieran verlos juntos como una feliz pareja, pidiendo a todos levantar sus copas de champagne para brindar por el compromiso. Después del brindis la orquesta toco un Valls como era costumbre en ese tipo de eventos, para ver a los prometidos bailar juntos, la celebración del compromiso fue todo un éxito, una velada maravillosa para quienes no conocían la verdad detrás de la misma y sobre todo para Mordekai quien se mostro complacido y satisfecho a pesar de la ausencia de Pabloba, de quien había obtenido lo que quería, pero como todo hombre codicioso quería aun mas. La pequeña Erika, fue muy fuerte y oculto lo mejor que pudo su tristeza durante toda la noche, siendo fuerte por ella y por su hermana que sufría tanto que ya ni siquiera quería seguir viviendo, un sufrimiento que ella también tendría que vivir al casarse con aquel monstruo vestido de decente caballero de sociedad.

Ya entrada en la madrugada, al fin terminada la amarga fiesta de compromiso, y habiendo regresado Adelaida y Erika a casa, después de dejar a Erika descansando en su habitación, Adelaida fue a ver como se encontraba Pabloba, ya que estaba un poco preocupada por ella, pues lo que le había hecho ese monstruo había dejado una marca terrible, más que en su cuerpo, en su alma, perturbando su frágil e inocente mente, verdaderamente era un milagro que su hija menor no se hubiese desmoronado también. Según las sirvientas esta había permanecido calmada y en silencio toda la noche, a lo que ya se habían acostumbrado, ya que su carácter alegre y animado pero tímido de siempre había desaparecido y solo se mostraba; apática, retraída y distante, como si todo su mundo hubiese dejado de existir y ya no le quedase nada. Algunas de sus amigas habían ido a visitarla, preocupadas por su ausencia en el colegio, cuando ya estaba en su último año en espera de graduarse como bachiller. Entonces preocupada por la salud de su hija, la Sra. Adelaida había hecho ir al Dr. Mikail Innonska: un experimentado medico y amigo de su familia de ya muchos años, a quien ella tenía en gran estima, pues había sido el mismo; quien se había encargado de atenderla en sus partos al traer a sus 2 hijas al mundo, por lo era en efecto el médico de la familia. Quien procedió a examinar cuidadosamente a la joven Pabloba en su habitación, donde esta se sentiría más cómoda, y en presencia de su madre: como dictaban las normas del decoro, para después de examinarla concluir en presencia de ambas que: pese a sufrir un bajo estado anímico; gozaba de un excelente estado de salud, pero al salir de la habitación  junto a la madre de esta, su semblante animado de siempre, cambio a estar más serio, al notarlo, la Sra. Adelaida le pidió que lo acompañara a la sala de estar para tomar un poco de té, para pagarle sus honorarios y charlar un poco como de costumbre, a lo que él le respondió en tono serio y ligeramente preocupado: que sería mejor tomarlo en el estudio; donde podrían conversar mejor, pues tenía un tema delicado que tratar con ella en privado, y ya en el estudio, después de haber sido servido el té y encontrándose en confidencialidad, el doctor en una actitud aun más seria de la que había mostrado anteriormente, se dirigió a la Sra. Adelaida, como un amigo preocupado, y le pregunto que si Pabloba era pretendida por algún joven, a lo que esta respondió extrañada e intrigada con cierto disimulado nerviosismo: que eso era imposible, pues aunque su hija era muy hermosa y ciertamente algunos jóvenes de buena familia habían mostrado un claro interés en ella, era tan tímida y dedicada a sus estudios; que había decidido esperar a graduarse de bachiller antes de pensar en tener una relación formal con algún muchacho, por lo que al escuchar esto, el viejo doctor se sintió aun más preocupado, sobre todo por la actitud nerviosa de la Sra. Adelaida y el hecho de que trataba de ocultar su nerviosismo, después de todo la conocía desde hace muchos años y a Pabloba desde el día en que nació, por lo que claramente pasaba algo aun peor de lo que él se había imaginado y de lo que no se atrevía siquiera a pensar y mas por el gran cariño que sentía hacia ellas, pero aun así debía saber lo que pasaba, porque si no; como su amigo, no sabría cómo ayudarlas,  por lo que decidió abordar el tema de la forma más directa posible sin ofender su pudor y dignidad.

Dr. Innonska: - Pues me temo mi muy estimada y querida amiga, que tras examinar a Pabloba, me he percatado de pérdida reciente de su virginidad.

Adelaida permaneció un momento en silencio, apenas sorprendida, pero aun con un poco de nerviosismo e incomodidad, mientras colocaba su tasa de te sobre el escritorio del estudio, tomándose su tiempo responder ante aquello que ella ya sabía, pero que deseaba olvidar, mientras las imágenes  de lo que paso volvían a su mente, descomponiéndola ligeramente, mientras mantenía la calma para encontrar la mejor manera de responderle a quien claramente era un amigo, mientras la vergüenza y el dolor encogían su corazón.

Sra. Adelaida: - Ya veo… no sé qué decir.

-          Supuse que este momento llegaría, pero esperaba no tener que afrontarlo.

Dr. Innonska: - ¿Es que acaso usted ya tenía conocimiento de esto? …

 Sra. Adelaida: - Claro, como no podría saberlo, si también es mi culpa.

-          Después de todo yo soy su madre y no supe cuidar de ella; fui ingenua permití que pasara.

Dr. Innonska: - En vista de esto, y me atrevería a decir; sin temor a equivocarme, que esta es claramente la causa de la actual depresión de Pabloba.

Sra. Adelaida: - Así es, está usted en lo cierto.

Dicho eso, Adelaida permaneció en silencio por un momento sin levantar la mirada, con los puños cerrados sobre su regazo, sujetando con fuerza su vestido, avergonzada y enojada consigo misma, mientras trataba de recobrar la fuerza para levantar la mirada, ante aquel hombre, su amigo; por quien sentía tanto respeto y aprecio. Entonces levanto su cabeza lentamente y mirándolo a los ojos con voz algo temblorosa, pero calmada, manteniendo la compostura, para conservar la poca dignidad que aún le quedaba, reanudando de nuevo su conversación.

Sra. Adelaida: - Antes de decir cualquier cosa… por favor, le pido; me prometa como médico y amigo, que lo que estoy a punto de decirle; no debe salir de este lugar, por el bienestar de mi familia y sobretodo el de mi hija Pabloba.

Dr. Innonska: - Mi señora, usted ya me conoce bien y sabe que puede confiar plenamente en mí, como lo hago yo en usted, así que por favor, no sienta ningún temor en hablar conmigo.

Sra. Adelaida: - La verdad… es que, aunque me da mucha vergüenza admitirlo, mi hija; Pabloba, se enredó en una historia de amor y desengaño de la que ella como mujer saco la peor parte, por lo que ahora se encuentra afligida por ello.

-          Por eso le pedí que viniera hoy, para ver su estado y la ayudase a mejorar, pues yo ya no se qué hacer, y en verdad estoy muy preocupada por su estado.

Después prosiguió a contar los escabrosos detalles de una falsa historia de amor entre su hija y un supuesto joven de otra ciudad; sobre la que según esta le había contado, ella habría conocido al joven en cuestión; cuyo nombre se reservo en todo momento, hacia algún tiempo atrás, con el que había estado sosteniendo un romance en secreto, en que después de que esta se le entregara; pura e inocente, creyendo en la sinceridad de sus sentimientos, este solo desapareció, dejándola con el corazón roto y el desencanto del amor, descubriendo poco después por esas cosas del destino, de boca de la miga de una de sus amigas, de la cual tampoco pronuncio su nombre, de la cual escucho que el joven en cuestión: pertenecía a una de las familias más importantes de una ciudad vecina y que el mismo ya se encontraba comprometido en matrimonio con otra joven de su misma posición. Por lo que al final de cuentas; no era más que otro muchacho mujeriego jugando con los sentimientos de una joven inocente que se dejo enamorar con falsas promesas de amor.

Habiendo escuchado toda esta historia, de los labios de la misma Adelaida, al doctor no le quedo más que aceptar la misma, como la razón del mal que aquejaba a Pabloba, pero aun así algo en todo este asunto no parecía completamente claro para nada, como si hubiese algo mas detrás de todo. Por lo que se tomo un momento para pensar mejor sobre todo ese asunto, reflexionando calmada y seriamente, ante la mirada atenta de Adelaida; quien esperaba nerviosa la respuesta del doctor a lo que había escuchado.

Dr. Innonska: - En verdad un tema delicado, el que tenemos aquí.

-           Pero ella es aún muy joven y tiene toda su vida por delante; no hay nada que el tiempo no cure después de todo y yo como medico lo sé muy bien.

-          Aun las peores heridas cicatrizan, dejan su marca pero cicatrizan.

Dicho esto, ambos se despidieron, dejando como habían acordado previamente; lo dicho en aquel lugar.

El tiempo paso y llego el día de la boda; la cual se celebro una preciosa tarde sábado a mediados del otoño, Mordekai había llegado temprano para esperar a su prometida como era la costumbre, sus padrinos fueron el comisionado de la policía (quien de alguna manera no oficial era su socio en ciertos negocios) y su esposa, con quienes entablo amistad desde que llego a la ciudad junto a su hermano Yoneimas, casi una hora después del novio, llego la joven novia en el carruaje de su Mordekai, acompañada por  la Srta. Bayonett como su dama de honor. Erika se veía realmente radiante en su bello vestido blanco de fino encaje, como un ángel a punto de caer en la garras del demonio, mientras sostenía un ramo de azucenas, tan hermosas y puras como ella, solo el fino y blanco velo que cubría su rostro virginal e inocente, ocultaba su temor y tristeza mientras caminaba al altar para entregarse en cuerpo y alma a aquel depreciable hombre.

Y así en la casa de dios, ante los ojos de dios y los hombres, esta pobre jovencita fue unida en sagrado matrimonio con aquel nefasto hombre, mientras este levantaba el velo de su rostro inocente con los ojos llenos de temor como los de un cordero listo a ser sacrificad, lo que llenaba aun mas de satisfacción y regocijo a aquel sádico ser vestido de fino caballero, mientras sellaban su unión con un falso beso de amor, que solo ocultaba los sórdidos y depravados deseos insanos de Mordekai, sellando así el destino de la pequeña Erika para pertenecerle a Mordekai como su legítima esposa.

Más tarde durante la celebración de la fiesta de bodas, y ya pasada la media noche después de haber tomado bastante licor y haberle mostrado su joven esposa a todos los distinguidos invitados de la boda, Mordekai sujeto firmemente a Erika de la cintura con su brazo izquierdo y acercándose a su oído con su fuerte aliento a alcohol susurrándole lo siguiente:

-          Es hora de retirarnos mi pequeña Erika, para que al fin podamos terminar lo que comenzamos en mi cabaña de invierno, como seguramente aun recordaras, ahora es tu turno de divertirme un poco, durante toda la noche.

-          Pero no te preocupes, prometo que seré gentil al principio, pero después de que te hayas acostumbrado a mi no tendré reparo alguno contigo, después de todo ahora eres mía.

Y así los novios salieron discretamente de la fiesta hacia su habitación, para consumar su unión, Erika apenas si podía caminar, temblando de los nervios y el miedo, como una rama golpeada por el viento a punto de romperse, conteniendo sus deseos de llorar con todas sus fuerza, sabiendo lo que esperaba por ella, como fue con su hermana. Solo Adelaida se dio cuenta de su partida, mirándolos con impotencia y el corazón hecho pedazos por no ser capaz de proteger a otra de sus hijas a mercede de aquel monstruo, que se llevaba lo que quedaba de su familia, consumida por el infierno en el que su esposo las arrojo a ella y a sus hijas al llevarlas a aquella cabaña en las montañas, un infierno en el que aun se encontraban atrapadas.

Finalizada la farsa de la fiesta de bodas, en la madrugada, la asistente y mano derecha de Mordekai; la Srta. Bayonett esperaba a los señores Marsel con un carruaje listo para llevarlos a su casa, esta los acompaño en el trayecto, durante el cual, le entrego un sobre sellado al Sr. Marsel, el cual contenía los títulos de propiedad de su casa y la tienda, mismas que había perdido  en las mesas de juego con el Sr. Mordekai, y que ahora volvían a ser suyas tal y como lo habían convenido anteriormente, a cambio de tomar a su hija menor como esposa. El Sr. Marsel tomo el sobre tímidamente, ante la mirada fría y satisfecha de aquella mujer y se lo entrego a su esposa, quien reviso su contenido cuidadosamente, asegurándose así del mismo.

Después de dejar a la Sra. Adelaida en su casa la Srta. Bayonett se ofreció a llevar al Sr. Marsel a su tienda, pues ella ya sabía que los esposos no vivían bajo el mismo techo, pero el Sr. Marsel rehusó cortésmente su invitación, mas por el miedo que sentía hacia esa mujer y hacia el hombre al que servía, que por la vergüenza de toda aquella situación, por lo que este se fue caminando solo por las oscuras calles de la ciudad, iluminadas precariamente por la lámparas de gas. Esa misma noche al llegar a su solitaria y silenciosa tienda de telas, al subir a su oficina que ahora también le servía de alcoba, y aunque ya había tomado un poco en la fiesta de bodas aun no se encontraba ebrio, así que tomo una botella de licor que guardaba en el lugar y después de tomársela toda en un intento inútil por ahogar sus penas y acallar sus demonios, coloco nerviosamente sus manos sobre rostro cubriendo sus ojos con sus palmas y estallo en llanto, un llanto desconsolado y angustiante, lleno de pena y agonía. Después de un rato ya más calmado; con los ojos enrojecidos y el rostro empapado por el llanto, este se levanto tambaleante de la silla de su escritorio como si se dispusiera a acostarse en el sofá de la oficina para dormir como lo hacía siempre, pero se quedo inmóvil por un momento, con la mirada perdida y vacía como si algo le faltara o más bien como si algo en el hubiese desaparecido y ahora se encontrase vacio, entonces regreso de nuevo al escritorio y se sentó de nuevo frente a este, como perdido de sí mismo y tomo la pistola que guardaba en la última gaveta de este, bajo sus libros contables, la coloco en su cabeza con su mano izquierda y derramando una última lagrima, pronunciando su última palabra:

-          Perdónenme…

Presionando así el gatillo al cerrar sus ojos, dándole fin a su vida y al insoportable tormento que pesaba sobre su conciencia; por el terrible mal que había hecho caer sobre su familia.

Una vez más su cobardía había decidido por él, abandonando una vez más a su esposa y sus hijas a su suerte.

Mientras que en la que fue una vez su casa; en la residencia Marcel, donde ahora solamente vivían su esposa y su hija mayor, Adelaida entraba sigilosa mente en la habitación de Pabloba, con el mayor cuidado de no despertarla, pero… para su sorpresa, esta no se encontraba en su cama y después al fijarse mejor en la habitación, vio como la luz encendida del baño de la habitación salía por debajo de la puerta, así que camino hacia y toco para asegurarse que su hija se encontrase bien, pero esta no respondió en ningún momento, es mas todo estaba inquietantemente silencioso dentro de este, por lo que decidió entrar y ver si algo le había pasado a Pabloba, y entonces la vio; vio a su hija inconsciente: como si estuviese muerta dentro de la tina de baño llena de con el agua teñida de sangre, desesperada corrió en su auxilio para tratar de sacarla, con la esperanza de que esta despertase al tocarla, como si solo estuviera en un profundo sueño, pero fue inútil. Usando todas sus fuerzas logro sacarla de la tina y cayeron juntas a un lado de esta mientras su madre la sostenía fuertemente entre sus brazos, como tratando de no dejarla ir, con su vestido empapado por la sangrienta agua de la tina, al igual que el fino camisón blanco para dormir que Pabloba llevaba puesto, pero al ver que aun así su hija seguía con los ojos cerrados, sin reaccionar, con el cuerpo helado como un muerto, esta entro en pánico y sus gritos estremecieron toda la casa como un alma en pena, solo después de que los sirvientes de la casa llegaran corriendo en su auxilio, y que pudieron levantarlas de piso del baño fue que notaron los profundos cortes en la muñecas de Pabloba, de los cuales aun salía sangre, después de dejar a Pabloba en su cama, Adelaida y la Sra. Aienko: el ama de llaves de la casa, cubrieron sus heridas atando fuertemente unos pañuelos que tomaron de la cómoda de la habitación sobre sus muñecas, para detener el sangrado hasta la llegada del doctor, a quien ya habían salido a buscar, mientras esperaban las Adelaida y la Sra. Aienko secaron el cuerpo y el cabello de Pabloba y le cambiaron la ropa por otra seca para tratar de hacer que entrara en calor.

Poco tiempo después el Sr. Aienko: el mayordomo y esposo de la Sra. Aienko; regreso con el Dr. Innonska: viejo amigo de la familia y un muy experimentado medico; quien vivía bastante cerca de allí. El Sr. Aienko ya le había informado discretamente lo sucedido, por lo que venía bien preparado, y sin perder tiempo procedió a examinar rápidamente a la joven con la asistencia de la Sra. Aienko, pues Adelaida se encontraba demasiado nerviosa; y no era para menos, para ayudar al viejo doctor. Aunque el doctor ya había tratado apropiadamente sus heridas y estas ya no sangraban  y si haber encontrado otras lesiones de cuidado, este hiso entrar a Adelaida en la habitación, pues aunque sus heridas se encontraban serradas esta ya había perdido mucha sangre; por lo que su pulso y su respiración eran débiles y necesitaría una transfusión de sangre, por suerte madre e hija compartían el mismo grupo sanguíneo, como el tiempo era crítico, este opto por una trasfusión directa, que aunque era algo riesgosa era la mejor opción para Pabloba, por lo que lo que quedaba de la noche ambas permanecieron juntas mientras ambas recuperaban las fuerzas. Ya en la mañana Pabloba ya había recuperado el color en la piel y su pulso y respiración eran normales, lo peor ya había pasado. El doctor le dejo puesto un suero vía intravenosa y ordeno reposo absoluto y muchos cuidaos con su estado anímico, y además por las heridas en sus muñecas alguien debía ayudarla a comer y en sus actividades diarias, pues al cortarse las venas, también se había lacerado los tendones y necesitaría una dura rehabilitación para recuperarse completamente.

Dr. Innonska: - Ahora con su permiso, me retiro, ya tengo mis años y la falta de sueño es terrible a mi edad, iré a casa a descansar un poco, pero regresare en la noche a ver como sigue mi paciente y para cambiar sus vendajes.

-          Y le explicare a usted mi señora (refiriéndose Adelaida) y la Sra. Aienko como tratar las heridas de Pabloba y lo concerniente a su rehabilitación, así que hasta la noche entonces.

Sra. Adelaida: - Muchas gracias doctor, mi querido amigo, gracias, en verdad; gracias, lo esperaremos, hasta la noche entonces. 

Poco después de la partida del Dr. Innonska, unos oficiales del departamento de la policía de la ciudad tocaron a su puerta, habían ido a informarle de la muerte de su esposo, cuyo cuerpo había sido encontrado por uno de sus empleados de confianza más temprano esa mañana, por lo que necesitaban que los acompañara de ser posible ese mismo día para identificar el cuerpo del occiso, quien aparentemente se había suicidado con un arma de su propiedad, pasada la madrugada en su oficina, bajo la influencia del alcohol, por lo que solo hacía falta su identificación por un familiar y su declaración para terminar con todo lo pertinente al caso, y proceder con la entrega oficial de sus restos para que sus familiares puedan disponer de él.

Al escuchar las terribles noticias esta se quedo sin palabras y palideció de repente, desmayándose frente a los oficiales, era demasiado para ella, para cualquiera; no pudo evitar colapsar en ese momento, y como podría no hacerlo cualquiera en sus circunstancias; ya era demasiado.

En vista de todo lo que había sucedido los oficiales decidieron marcharse para dejar  descansar a la conmocionada señora, dejando pendientes los asuntos legales para más tarde, horas después esta despertó es su habitación, aun algo aturdida por todo el asunto, pero ya repuesta y lista para seguir adelante. Se levanto de la cama y fue a ver como se encontraba Pabloba, allí le pidió a la Sra. Aienko que llamase a su esposo para que la acompañase a arreglar lo pertinente a la defunción de su esposo el Sr. Marsel; en ningún momento se detuvo, siquiera para derramar una sola lagrima.

Ya en la morgue de la ciudad, después de identificar el cadáver de su esposo, le pidió a los oficiales forenses que le permitieran un momento para a solas con el cuerpo de su esposo, estos lo entendieron y la dejaron un momento asolas, estando allí solo ellos 2 en aquel frio cuarto, esta coloco sus manos sobre la helada mesa de metal donde reposaba el cuerpo de su esposo, y con tristeza y frustración más que con ira le dijo:

-          Pero que has hecho, grandísimo cobarde; nos has dejado sola y desprotegidas otra vez.

-          Qué clase de hombre eres; que huyes y dejas a tu familia, solo porque tienes miedo.


-          Acaso crees que yo no lo tengo, como lo tenía cuando nos dejaste en manos de ese monstruo…

Tornándose su voz más temblorosa, mientras miraba lo pacifico que se veía este en la muerte, y aun sin derramar lagrima alguna.

-          Tú puedes descansar en paz, en la muerte; si es que tu conciencia te lo permite.

-          Yo aun debo vivir en este infierno en el que nos dejaste, por mis hijas que aun me necesitan.

Sin más que agregar, se despidió y siguió adelante con el resto de los asuntos que atender, para regresar pronto con Pabloba, pues no quería regresar con ella lo más pronto posible y que esta la viera a su lado para que no sintiera que estaba sola, después de todo ahora la necesitaría más que nunca, al igual que Erika.

De regreso en su casa, subió para ver a Pabloba; quien aun dormía, por lo que decidió quedarse junto a ella para hacerle compañía mientras esperaba la llegada del Dr. Innonska, quien llego unas pocas horas después, apenas pasadas la 7, al verla inmediatamente le dio sus condolencias por la muerte de su esposo, también su amigo, sabía que estaban pasando por momentos difíciles, pero jamás hubiese pensado que pasara todo aquello, por lo que sentía algo culpable por no haber podido hacer más por ellos. Después entro junto con ella a ver a Pabloba y verificar que se encontrase mejor y cambiar sus vendajes; explicándole a su madre y a la Sra. Aienko como debían hacerlo, y aunque aún esta no se había despertado, él le aplico un sedante leve para que pasara más tranquila la noche, de todas formas regresaría en la mañana para verla cuando despertase, para ver su estado de ánimo y hablar un poco con ella. Al terminar, la Sra. Adelaida le pregunto si ya había cenado y este le respondió que por las prisas no había tenido tiempo, ella le dijo que tampoco lo había hecho y que la Sra. Aienko le había dicho que la cena ya estaba lista, así que lo invito a acompañarla a comer, invitación que este acepto con gusto, después de todo de ninguna manera podía dejarla sola en un momento como ese.

Después de cenar estos se sentaron en la sala de estar a tomar una taza de chocolate en la sala de estar, mientras conversaban, principalmente sobre el estado de Pabloba y los preparativos para el sepelio del Sr. Marsel, los cuales se llevarían a cabo la mañana siguiente, además le pidió que por ninguna razón tratara el tema con Pabloba, por lo menos no aun, con lo que él estaba de acuerdo, dado que en su estado emocional actual sería contraproducente, de todas formas ella ya les había ordenado a los sirvientes, no solo no hablar del tema con su hija, sino que tampoco se hablara de ello dentro de la casa y que lo ocurrido con Pabloba no debía salir de la casa, para todos fuera de esta ella solo se recuperaba de un caso de anemia, lo cual no estaba lejos de la verdad, pues además de las heridas en sus muñecas esta presentaba un cuadro anémico por la pérdida de sangre, por lo que el doctor no tendría por qué faltar a la verdad dentro de la confidencialidad con su paciente. El tiempo transcurrió rápidamente y ya casi al dar las 11 el doctor decidió retirarse prometiendo regresar temprano para ver a Pabloba y después acompañar a la Sra. Adelaida, para el velorio y posterior sepelio de su esposo por la tarde.

Continuara… 

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