martes, 28 de abril de 2015

Doctor Inmortal (Fausto Von Lotus III). Vol.1: El lago.

Doctor Inmortal (Fausto Von Lotus III)

Volumen 1: El lago.

Prologo: Las lagrimas de la luna.


En el espeso bosque de las tierras oscuras existió una ves un pequeño y hermoso lago de frescas y cristalinas aguas, hijo del rocío de la mañana y del ocaso de la primavera, este era joven y hermoso y se encontraba rodeado por un extenso y espeso bosque de bellos y frondosos arces que se mecían con el paso de las errantes brisas del este y del oeste quienes se regocijaban a las orillas del bellísimo cinturón de hermosas y fragantes flores que rodeaban al pequeño lago de cristalinas y frescas aguas, mientras las delicadas flores entonaban dulces y armoniosas melodías al ser acariciadas por las juguetonas brisas matutinas.

La pureza del pequeño lago era tal, que frecuentemente era visitado por las pequeñas criaturas del bosque así como por los esplendorosos ciervos dorados, quienes eran los guardianes del antiguo bosque oscuro de los arboles sagrados, quienes a cambio de beber de sus frescas aguas le contaban sobre el mundo y las criaturas que habían visto mas halla del espeso bosque, por lo que el espíritu lago esperaba siempre con gran ansia a los bellos ciervos para escuchar de nuevo sus maravillosas historias sobre lo que habían visto mas halla del espeso bosque.

Pero los días pasaron uno tras otro y así fue por largo tiempo, y ninguno de los bellos ciervos y ciervas volvieron a beber de sus frescas y claras aguas y así como los ciervos las pequeñas criaturas el bosque también dejaron de visitarlo, y con el tiempo asta los melodiosos cantos de los de los pequeños pajarillos del bosque comenzaron a hacerse mas lejanos, dejándolo solo en compañía de las brisas errantes y las fragantes flores, cuyas bellas melodías eran su único consuelo.

Ahora que el silencio envolvía al espeso bosque, el leve susurro de los árboles mecidos por el viento que antes el lago apenas podía escuchar, ahora eran voces claras que recorrían el bosque de árbol a árbol, y aunque el no entendía sus palabras, pues los arboles hablaban una lengua ya olvidada, el podía sentir la tristeza y el miedo en sus voces, que se habían convertido en los ecos del bosque.

Cierto día una despreocupada brisa que pasaba por el pequeño lago para refrescarse en su camino al norte, miro al triste lago, y curiosa se detuvo a preguntarle sobre que mal se acongojaba; - si vives en un paraíso de apacible belleza donde el agua nunca te faltara, le dijo la brisa despreocupada ahora intrigada, a lo que el pequeño y triste lago respondió; - es que me siento abandonado pues mis amigos animales hace ya mucho tiempo que no vienen a beber de mis aguas y a contarme sus fascinantes historias del mudo mas haya del bosque.


-¿Es que no lo sabes acaso?, ¿es que no has escuchado el susurro de los árboles contando el triste destino de las criaturas del bosque y de sus hermanos los arboles del este y del oeste y ahora también los del sur?
-¿De que destino me hablas?, ¿Qué es aquello que a alejado a las criaturas del bosque de mi lado y hace que los arboles susurren entre las sombras del bosque con ecos de tristeza y miedo?, entonces y antes de continuar su camino la brisa del sur le conto; que ya hacia algún tiempo que unos seres extraños y sucios, que hablaban una extraña y primitiva lengua habían comenzado a ocupar las tierras de los arces del bosque, destruyendo la naturaleza y matando a arboles y animales por igual.

Es por eso que los animales ya no te visitan, aquellos que no mataron fueron hechos esclavos para luego comerlos y usar sus pieles sobre sus cuerpos o hacerlos trabajar hasta morir, también cortaron a los viejos y sabios árboles que cobijaban a tus amigos, fueron arrancados de la tierra y cortados en pedazos para hacer sus moradas, eso es todo cuanto yo se de tus amigos pequeño lago, ahora debo seguir mi viaje tal vez nos veamos otra vez o tal vez no, solo el destino lo dirá.


Y así como llego se fue aquel viento despreocupado, que intrigado se detuvo solo un momento, para conversas con el pequeño lago y saber por que lo entristecía, pero sus palabras no dieron ningún consuelo a este que ahora se sentía realmente desolado y abatido por las palabras de la despreocupada brisa, ya que ahora sabia que no volvería a ver ha aquellos que una vez fueron sus amigos.


Y así la tristeza comenzó a secar poco a poco al desconsolado lago, una vez rebosante de vida ahora abatido por los melancólicos recuerdos de seres amados perdidos, dejo secar sus aguas en aquel verano de brisas cálidas,  hasta que sus una ves sumergidas arenas suaves como seda adornadas con bellas rocas que eran como perlas musgosas, que brillaban a la luz de la luna como estrellas caídas del cielo al ser tentadas por la sutil belleza de aquel pequeño y hermoso lago de aguas cristalinas, cuya belleza ahora marchita estaba marcada por las áridas grietas de un seco lecho cuyas heridas llegaban asta lo mas profundo de su corazón dejando ahora solo sobre su faz las ásperas cicatrices de la pena.

Haciendo irreconocible aquello que una ves fuese el hermoso espejo de agua en el que la luna embelesada contemplaba su propia belleza, a través de las puras y claras aguas de aquel pequeño lago una ves rebosante de vida, y del cual ahora solo quedaban las marcas hechas a su corazón por la soledad y la tristeza, mientras las errantes brisas de verano bailaban a su alrededor cubriendo su yaciente lecho con los pétalos marchitos de las que fueron una vez las flores mas fragantes del bosque y que ahora dormían en el eterno sueño de la muerte junto a su amado lago, cubriendo el bosque con su dulce e intoxicante olor a muerte.

Esa noche la luna no pudo contemplar su propia belleza a través de las puras aguas del pequeño y hermoso lago, en su lugar solo encontró tristeza, una tristeza tan profunda que solo podía nacer de la destrucción de los mas puro, la muerte de la esperanza del mañana, cuando ya nada queda solo la pena, esa noche posada sobre el lecho de pétalos marchitos que cubría los penosos restos del lago la luna vio en el algo mas que el reflejo de su propia y superficial belleza, mas allá de lo aparente encontró la verdad olvidada sobre si mismas y de su amor platónico por el astro sol, quien solo brillaba para si mismo y ser contemplado con admiración desde lo mas alto del cielo siendo siempre el centro del mundo que lo rodea, mientras la luna lo ve ocultarse cada noche y despertar cada día mientras ella desaparece opacada por su luz, en un eterno amor platónico un amor de dos que es de uno solo.

Tan cerca pero tan lejos el uno del otro que solo pueden consumar su amor por un breve instante en las raras ocasiones en las que el resplandeciente astro le permite a la bella dama del cielo nocturno eclipsar su magnifica presencia para complacer sus propios deseos, a través de los de su eterna amante, que aun siendo tan hermosa y estar rodeada por las incontables y brillantes estrellas nocturnas, encontró en las claras aguas de aquel pequeño lago algo mas que el reflejo de su propia belleza, encontró la belleza que nace de un corazón que vive para amar a otros y cuyo amor es tan puro y radiante que llenaba a todos los que lo rodeaban de una sensación de calidez y felicidad tan grande que al morir un poco de todos los que tuvieron la virtud de amarlo murieron un poco con el.

Y fue entonces, en la ausencia del pequeño lago, que la luna pudo darse cuenta, que aquello que contemplaba cada noche al posarse sobre las cristalinas aguas del pequeño lago no era el reflejo de su propia belleza, si no la etérea belleza que nacía del corazón puro del lago, quien también la contemplaba cada noche con gran candor, asta que la pena consumió su esencia, dejándolo desvanecerse poco apoco en la melancólica presencia de la soledad.

Así fue como la luna vio nacer dentro de si el verdadero amor, un amor oculto, un amor que solo fue capas de revelarse a través de la nostalgia de la perdida, viendo así ahora desaparecido su verdadero amor, la luna por ves primera conoció la tristeza, una tristeza tan grande que quiso llorar, para encontrar consuelo en las lagrimas, pero la luna un tenia lagrimas, pues las lágrimas no son hermosas, impotente suplico a sus hijas las estrellas; hijas de su amor no correspondido con el astro diurno, que mitigasen su sufrimiento, pero estas al igual que el sol eran incapaces de comprender tales sentimientos, entonces la luna comenzó ha opacarse, haciendo a la noche mas oscura.

Pero fueron solo las nubes quienes escucharon sus ruegos y sintiendo pena de ella le prestaron sus lagrimas para que pudiera desahogar su dolor, pues solo las nubes pueden llorar realmente, pues solo ellas conocen el verdadero significado de la tristeza, y fue por eso que solo a través de ellas la luna fue capas de dejar caer sus frías grimas llenas de la amargura de la perdida por el único ser que pudo llegar a amarla realmente, y que ahora había abandonado este mundo sin conocer sus verdaderos sentimientos.
Con las lagrimas prestadas de la luna, esta pudo encontrar consuelo en la perdida, dejando caer sus lagrimas sobre los restos del una ves hermoso lago, llenando su lecho vacio con sus lagrimas, mientras comenzaba a brillar nueva mente sobre el, llenándolo de nueva vida, el pequeño lago ya se había ido, pero de su corazón puro y la radiante belleza de la luna, dieron nacer al espíritu del lago, rodeado de bellas flores y cubierto por las brillantes estrellas.


Así nació la doncella del lago, tan pura como hermosa, la bella hija del espejo del bosque y la dama de la noche.

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